Lunes de la XII semana después de Pentecostés
DE LAS PALABRAS DE CRISTO EN LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes de la XII semana después de Pentecostés
DE LAS PALABRAS DE CRISTO EN LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el Salvador: que muchos profetas y reyes desearon verle y oírle, y no le vieron ni oyeron.
Pondera con san Juan Crisóstomo que le desearon, porque le conocieron por fe, la cual siempre fue necesaria para la salvación; pero no le alcanzaron ni les cumplió Dios sus deseos, aunque se lo pidieron y rogaron con afectuosos gemidos y continuas plegarias.
Y a ti te ha hecho Dios esta merced sin merecerla, y te ha dado lo que no dio a tantos santos profetas y a tan poderosos reyes, por el amor que te tuvo y por los méritos y oraciones de tantos buenos como se lo rogaron y pidieron.
Reconoce la obligación en que estás de servirle, y saca de aquí propósito firme de perseverar en tus buenos deseos, los cuales o te los cumplirá a ti, o hará mercedes y gracias a los tuyos por ellos.
PUNTO II. Considera cómo Cristo da el primer lugar a los profetas y el segundo a los reyes, no sin misterio, para enseñarnos que, en su acatamiento, son preferidos los profetas y sacerdotes a los reyes de la tierra, y las personas espirituales y religiosas a los seculares, por nobles que sean.
Y aprende a hacer aprecio de las cosas y personas, anteponiendo siempre en tu estimación las que Dios más aprecia; y mira que, en su acatamiento, vale más un hombre santo, por vil que parezca a los ojos de los hombres, que todos los reyes y monarcas de la tierra.
PUNTO III. Considera cómo le preguntó el doctor de la ley por el camino del cielo, porque el más docto en las ciencias del mundo suele ser más ignorante en las del cielo, y porque a todos conviene hacerse discípulos para aprender la sabiduría espiritual y el camino de la vida eterna.
Saca de aquí deseos de aprenderla y resolución de hacerte discípulo de los que te pudieren enseñar, aunque ellos sean menos que tú, venciendo el empacho de aprender de otros, por muy docto que seas.
PUNTO IV. Considera cómo Cristo le conoció la intención con que le preguntaba, que no era tanto por aprender como por tentarle y cogerle en alguna palabra contra la ley, de que poder acusarle.
De lo cual has de sacar dos cosas.
La primera, conocer cómo Dios conoce las intenciones y te lee el corazón en todo cuanto intentas, y que atiende más a la intención que a la obra; y, por tanto, procura tenerla sana y recta en todas tus obras y palabras, si quieres agradar a Dios con ellas.
La segunda es mucha cautela en tus acciones y con las personas que tratares, en especial si no son declaradamente del bando de Cristo, porque no te engañen y perviertan con sus sofisterías y palabras.
Atiende a la cautela y prudencia con que respondió Cristo a este doctor, repreguntándole a él y convenciéndole con sus propias palabras; y pídele a Dios gracia para no caer en el lazo de tus enemigos, y luz y prudencia para salir con victoria de sus lides.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.