Lunes de la XI semana después de Pentecostés
DE LAS CIRCUNSTANCIAS DEL MILAGRO DE LA CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUDO.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes de la XI semana después de Pentecostés
DE LAS CIRCUNSTANCIAS DEL MILAGRO DE LA CURACIÓN DEL ENDEMONIADO SORDOMUDO.
PUNTO PRIMERO. Cuatro circunstancias principales intervinieron en la cura de este enfermo, que han de ser los cuatro puntos de esta meditación.
La primera, ponderó san Juan Crisóstomo, fue apartarle de la turba y retirarse con él a solas; en que nos enseña que, para conseguir la salud del alma, es necesario retirarnos de la turba y negocios exteriores que turban la quietud, y haberlas a solas con Dios; porque en el retiro hallarás lo que pierdes fuera de él.
Saca de aquí deseos de retirarte y apartarte de todo lo que te aparta de Dios, y tratar a solas con su Divina Majestad el negocio de tu salvación y la salud de tu alma.
PUNTO II. Considera la segunda diligencia que hizo Cristo, la cual fue meter los dedos por sus oídos y paladearle con su saliva, tocando con ella su lengua.
Los dedos de Dios significan, como dice Beda, los dones del Espíritu Santo; los oídos para oírle y la lengua para bendecirle, y todos efectos de su divina sabiduría; en cuya virtud, como dijo el mismo Cristo, obraba los milagros y todas las maravillas que hacía.
Saca de aquí grande estima de las obras del Redentor, y pídele que te comunique los dones de su divino Espíritu para conocerle, amarle, servirle, oírle y alabarle perpetuamente.
PUNTO III. La tercera circunstancia fue levantar los ojos al cielo y gemir con vivo sentimiento. Oró y lloró, acompañando con gemidos su oración; no porque necesitase de ellos para ser oído de su Eterno Padre, sino para darnos ejemplo y enseñarnos a orar con lágrimas y gemidos nacidos de lo interior de nuestras almas y del fuego de nuestros corazones, para que suban nuestras oraciones a Dios.
Mete la mano en tu pecho y mira cuáles son las tuyas, cuán frías y secas y mezcladas de imperfecciones; y saca de aquí deseos de enmendarte y de orar con fervor, atención y reverencia para alcanzar las mercedes del Señor.
PUNTO IV. Considera la cuarta circunstancia que intervino en este milagro, que fue mandar el Señor al sordo que oyese, y al mudo que hablase; y luego oyó y habló.
Bastaba el contacto de sus dedos para abrir sus oídos y el de su saliva para desatar su lengua; pero usó también de su palabra para enseñarnos la virtud de ella, y que se han de sanar los enfermos con manos y lengua, con obras y palabras.
Aprende esta lección de tu celestial Maestro, y usa más de las obras que de las palabras para sanar a tus hermanos las dolencias de sus almas, dándoles santísimos ejemplos y moviéndoles con tus obras a servir a Dios, a glorificarle y alabarle, como lo dice el Redentor.
¡Oh Maestro del cielo!, dadme vuestra gracia para que yo ejecute vuestros consejos, siga vuestras pisadas y procure la salud de mis prójimos, más con obras que con palabras, hasta conseguirla perfectamente, como Vos sanasteis a este enfermo.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.