domingo, 23 de agosto de 2026

DE LAS DILIGENCIAS QUE HICIERON LOS DIEZ LEPROSOS PARA ALCANZAR SALUD.

 


Lunes de la XIII semana después de Pentecostés
DE LAS DILIGENCIAS QUE HICIERON LOS DIEZ LEPROSOS PARA ALCANZAR SALUD.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XIII semana después de Pentecostés
DE LAS DILIGENCIAS QUE HICIERON LOS DIEZ LEPROSOS PARA ALCANZAR SALUD.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que la primera diligencia fue la oración, clamando con alta voz a Cristo, pidiéndole y suplicándole que les diese salud; en que has de reconocer la virtud de la oración, y que Dios ha determinado dar por su medio a los hombres las mercedes que les quiere hacer. Mete la mano en tu pecho y considera cuántas has perdido por no haberlas pedido, y cuántas no te ha dado por no haber orado. Ora y pide con gemidos y clamores al Señor que vuelva a ti los ojos y te haga merced. Advierte lo que dice Teofilato: que estos estaban lejos del Salvador con el cuerpo, pero que se acercaron a Él por la oración con el alma, y consiguieron la salud como los que le tocaban. Tú te alejaste de Dios por tus pecados; acércate a Él por la oración y alcanzarás la salud de tu alma.

 

PUNTO II. La segunda diligencia fue detenerse lejos y no acercarse al Salvador, como lo nota san Lucas diciendo: steterunt a longe, que se pararon lejos; así por el respeto que le tuvieron, como por cumplir la ley que ordenaba que no se juntasen con los demás. Saca de aquí el respeto que debes tener a Cristo y a los que están en su lugar, y juntamente acompañar tus plegarias con la observancia de la ley, si quieres alcanzar lo que pretendes de Dios; porque, sin su observancia, no le serán gratas tus peticiones, y con ella alcanzarás lo que pidieres.

 

PUNTO III. Considera que la tercera diligencia fue mostrar sus llagas y descubrir su lepra a Cristo y a los sacerdotes, como lo ordenaba la ley; en que nos dieron enseñanza de manifestar nuestras conciencias y descubrir la lepra de nuestros pecados a los sacerdotes para alcanzar la salud espiritual del alma. Pondera la gracia que Dios les dio para sanarla, y dale gracias por ella; y cobra nueva estima de la sagrada confesión y firme propósito de manifestar todos tus pecados en ella, para alcanzar entera salud y purificar tu conciencia de la lepra espiritual, en la cual por ventura has estado mucho tiempo por no manifestarla al confesor.

 

PUNTO IV. Considera la última diligencia, que fue la obediencia puntual, partiéndose luego, sin réplica o repugnancia, a obedecer al Salvador; y en el mismo camino, antes de llegar a los sacerdotes, alcanzaron la salud, declarando esta maravilla que fue efecto de la obediencia y milagro que hizo Dios por ella.

¡Oh Señor!, grande es esta virtud y muy agradable a Vos. Dadme gracia para que yo la abrace y os obedezca en todo, así a Vos como a los prelados y superiores, confesores y maestros que están en vuestro lugar, y merezca por ella alcanzar la salud de mi alma y la eterna de la gloria. Amén.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.