martes, 18 de agosto de 2026

DE LA CARIDAD DEL PRÓJIMO

 


Miércoles de la XII semana después de Pentecostés

DE LA CARIDAD DEL PRÓJIMO

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Miércoles de la XII semana después de Pentecostés

DE LA CARIDAD DEL PRÓJIMO.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice Cristo para prueba del amor del prójimo: que, estando llagado y desnudo, pobre y necesitado este hombre que cayó en manos de ladrones, pasaron el sacerdote y el levita, y aunque le vieron, le dejaron en su miseria sin hacer caso de él; a los cuales condenó el Señor por inhumanos.

Vuelve los ojos a ti mismo y mira cuántas personas conoces pobres y necesitadas de quien no te compadeces, y cuántos pobres y llagados hay a vista de tus ojos, de quienes los apartas y te pasas, como estos, sin acercarte a ellos ni hacerles caridad.

Llora tu dureza y teme no te condene Dios por inhumano, como condenó a estos de hoy; y saca de aquí propósitos de compadecerte de los pobres y necesitados, conforme a tu posibilidad.

 

PUNTO II. Considera cómo, pasando el samaritano, de quien menos se esperaba, tuvo compasión del herido y le procuró curar.

Avergüénzate en la presencia de Dios viendo que los seglares, y no pocas veces los pecadores, tienen más piedad con los pobres que tienes tú, y que ellos curan a los pobres enfermos con caridad, la cual te falta a ti; y pídele gracia al Señor para vencer a todos en esta virtud, como en todas las demás.

 

PUNTO III. Considera las medicinas que le aplicó, las cuales dice Cristo que fueron vino, aceite y vendas para ligarle: el vino para lavar las llagas y confortarle; el aceite para curar las heridas con blandura y sin dolor; y las vendas para cubrirlas y guardarlas de las inclemencias del tiempo.

¡Oh alma mía!, si supieses curar las llagas espirituales de tus prójimos con el vino fuerte de la reprensión, cuando convenga, y con el aceite blando de la mansedumbre y piedad, atándolos con las vendas del recogimiento.

Pídele a Dios esta prudencia para ganar a tus prójimos y curarles las heridas espirituales de sus almas, como este samaritano curó las corporales del que cayó en manos de ladrones.

 

PUNTO IV. Considera, últimamente, cómo no paró aquí este samaritano, sino que, habiéndole curado, le puso sobre su jumento, caminando él a pie el resto del camino, y le llevó al hospital, y le encargó a sus ministros; y no descuidó por esto de su cura, sino que al día siguiente les trajo dos ducados, pagándoles la cura y el cuidado del enfermo.

En todo esto nos enseña Cristo a no descaecer en la caridad del prójimo, sino perseverar en ella, mirándole como a nosotros mismos con entrañable amor y curando sus llagas, así corporales como espirituales, hasta conseguir su salud, sin perdonar gasto, cuidado ni trabajo; y, si fuere necesario, desacomodarnos por acomodar a nuestros hermanos, como lo hizo este samaritano.

Levanta la consideración de la tierra, y mira en tus prójimos a Cristo llagado y herido por ti, pobre y desamparado; y llégate con ese afecto a curarle, y no le dejes ni le pierdas de vista, y hallarás consuelo y devoción, y doblarás tu merecimiento, sirviendo en tus prójimos a Dios.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.