domingo, 30 de agosto de 2026

DEL VERDADERO SEÑOR A QUIEN DEBEMOS SERVIR, QUE ES DIOS NUESTRO PADRE.

 


Lunes de la XIV semana después de Pentecostés

DEL VERDADERO SEÑOR A QUIEN DEBEMOS SERVIR, QUE ES DIOS NUESTRO PADRE.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XIV semana después de Pentecostés

DEL VERDADERO SEÑOR A QUIEN DEBEMOS SERVIR, QUE ES DIOS NUESTRO PADRE.

 

PUNTO PRIMERO. Considera quién y cuál es el Señor a quien Cristo nos exhorta a que sirvamos, que es Dios nuestro Criador, noble sobre todo cuanto se puede imaginar, poderoso, rico, afable, amoroso, discreto, manso y dadivoso; y con todas las gracias que se pueden desear en un príncipe soberano, todas en sumo grado y con sumo agrado para con todos sus criados, a quien ama como Padre.

Pues si los hombres del mundo tienen por suma dicha entrar a servir a los príncipes de la tierra y alcanzar puestos y oficios honrados en sus palacios, ¿cuánto más debes tú estimar y procurar entrar a servir a Dios y tener puesto en su casa y emplearte en su servicio?

Pídele que te admita en él, y ten por suma dicha que quiera servirse de ti.

 

PUNTO II. Considera lo que manda este Señor a los suyos, y cuán leve y fácil carga de llevar son sus mandamientos; pues antes alivian el trabajo que le agravan, conforme a lo que el mismo Señor dice: Venid a mí los que os halláis fatigados y cargados; tomad el yugo de mi ley sobre vosotros; aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

Porque sus mandamientos, como dice san Agustín, son como las alas del ave, que no la cargan, sino antes la alivian y la hacen ligera.

Dios pone el hombro para ayudar a los suyos a llevar la carga de sus preceptos y consejos; y, llevándola Él, quedan ellos descargados. En una balanza pone el precepto, y en la otra la gracia y los auxilios para llevarle; y así es dulce y suave su gobierno, y gustoso su servicio, sin fatigas ni desvelos, sin los cuidados que padecen los que sirven como esclavos a los señores del mundo.

 

PUNTO III. Considera el premio y galardón que da este Señor a los suyos; porque no es como los señores del mundo, que pagan muchos años de servicio con despedir a sus criados por un disgusto, y muchas veces les consumen sus haciendas en sus gustos.

Pero Dios paga con galardones eternos pocos días de servicio en esta vida. Ama y cuida de sus siervos como de hijos, dándoles todo lo que necesitan liberalísimamente, como lo dice en su Evangelio; y después de esta vida les da los premios eternos de su gloria, coronándolos en ella como a reyes, que tales son los que le sirven.

Contempla estas verdades y llora la ceguedad de los hombres, que buscan con tanta afición servir a los reyes de la tierra y no se acuerdan de servir al Rey del cielo, siendo aquel servicio tan difícil y este tan fácil; aquel tan penoso y este tan gustoso; aquel tan vano y este tan sólido; aquel sin premio, y este con eterno galardón.

Pídele a Dios que les abra los ojos para que conozcan la verdad, y en especial los tuyos, para que no te ciegue el oropel que brilla en este mundo, ni te turbe ni te engañe su apariencia, para dejar por los hombres caducos y perecederos al Emperador divino y celestial, que galardona a los suyos con premios inmortales.

 

PUNTO IV. Considera otra calidad de este Señor, y es que no admite compañía, ni permite ser amado con otro de los suyos. Dios pide todo el corazón, sin que se divida en las criaturas; por lo cual dice el Salvador que no podemos servir a Dios y a las riquezas, porque no admite consorcio, ni que se divida su amor.

Pondera que, entrando el Arca del Testamento en el templo de los filisteos, cayó hecho pedazos en el suelo su ídolo Dagón; porque nuestro Dios es celoso, que no permite amor de ídolos, de honras, riquezas o deleites, ni de aficiones terrenas, sino que pide ser amado con todas las fuerzas de nuestro corazón.

Y por tanto entra en el templo de tu alma y purifícale de todas las aficiones del mundo; derriba los ídolos que hasta aquí has adorado; no quieras ni ames más que a este Señor.

Pídele que sea tuyo y que tú quieras ser suyo, y servirle a Él solo, haciendo en todo su divina voluntad, como le sirven los ángeles eternamente en el cielo.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.