DÍA 1
PADRE PÍO: EL NIÑO FRANCISCO
NOVENA
EN HONOR
AL GLORIOSO PADRE PÍO
DE PIETRELCINA
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN INICIAL
PARA TODOS LOS DÍAS
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, espero y amo. Os adoro profundamente, bendigo vuestra misericordia y confundido por mi ingratitud, arrepentido de mis pecados, pido perdón y propongo confiando en vuestra gracia y ayudado por la intercesión del glorioso San Pío de Pietrelcina, corresponder a vuestro amor con el mío imitando tan gran ejemplo que me has dado con su vida, enseñanzas, ejemplos y virtudes.
Ofrezco esta novena a mayor gloria de Dios para la salvación de las almas, la conversión de los pecadores y la mía propia.
Y tú, glorioso Santo Padre Pío, defiéndeme de los enemigos de mi salvación e intercede por mis necesidades, obligaciones e intenciones. Amén.
♦ Se lee lo propio de cada día.
DÍA 1
PADRE PÍO: EL NIÑO FRANCISCO
Francisco Forgione, el que llegaría a ser conocido en todo el mundo como Padre Pío, nació en Pietrelcina el 25 de mayo de 1887. Fue hijo de Grazio María Forgione y de María Josefa De Nunzio: una familia sencilla, trabajadora y profundamente creyente. En aquel ambiente de hogar, campo, iglesia y trabajo fue creciendo el pequeño Francisco.
Era un niño tranquilo, reservado y amante de la soledad, pero no triste ni aislado. Era alegre, participaba en los juegos con otros niños y era querido por sus compañeros. Desde pequeño destacó por su sencillez, su bondad y el deseo de mantenerse alejado de aquello que pudiera apartarlo de Dios.
Detrás de aquella vida aparentemente normal, Dios iba realizando su obra. Según el testimonio de su director espiritual, desde muy pequeño nacieron en él el deseo de consagrarse al Señor y un intenso amor por la oración. Mientras cuidaba las ovejas de la familia rezaba con frecuencia el rosario. La oración fue convirtiéndose en el centro de su vida hasta llegar a definirse como “un simple fraile que ora”.
Desde muy pronto tuvo una gran sensibilidad ante el sufrimiento de Cristo. El pequeño Francisco realizaba penitencias y buscaba identificarse con Jesús en su Pasión. Todavía no podía comprender plenamente el camino que le esperaba, pero aquella disposición preparaba su corazón para una misión marcada por la entrega y el sacrificio.
Antes de entrar en el noviciado tuvo una experiencia que interpretó como una anticipación del combate espiritual de su vida: se vio llamado a luchar contra el mal, sostenido por Jesús. Comprendió que no debía apoyarse únicamente en sus fuerzas, sino permanecer cerca del Señor y confiar en Él. Jesús colocó su mano sobre su hombro, llenándolo de valor y fortaleza, mientras la Virgen María, con una voz dulce y maternal, le habló directamente al corazón, colmándolo con una paz profunda.
La vida de Padre Pío nos enseña que para Dios cada uno de nosotros somos únicos e importantes. Desde la eternidad, Dios ha pensado en nosotros, nos ha dado la vida llenándonos de gracias y dones, ha querido morir por nosotros en la cruz. Sólo espera una cosa de nosotros: nuestro amor, una voluntad del todo rendida a la suya.
Padre Pío tuvo la dicha de unir desde niño, la inocencia y la penitencia; cuidemos a nuestros niños y nuestros jóvenes tan expuestos al mal en nuestros días; imitemos a nuestro santo en la penitencia si no lo hemos hecho en la inocencia.
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Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
ORACIÓN FINAL
PARA TODOS LOS DÍAS
Glorioso san Pío de Pietrelcina, sacerdote humilde y fiel, tú que amaste profundamente a Jesús crucificado y entregaste tu vida por la salvación y el consuelo de tus hermanos, presenta al Señor las intenciones que te confiamos en esta novena.
Alcánzanos un corazón sencillo para orar, valentía para convertirnos, amor al Santísimo Sacramento y a la santa Misa, confianza filial en la Virgen María y compasión verdadera ante el sufrimiento de los demás.
Enséñanos a no huir de nuestras cruces, sino a vivirlas unidos a Cristo; a buscar siempre la misericordia de Dios y a convertir nuestra fe en obras concretas de amor.
Intercede especialmente por los enfermos, por quienes viven solos, por los que han perdido la esperanza, por quienes viven en pecado alejados de Dios y por todos los que se encomiendan a nuestra oración.
Que, siguiendo tu ejemplo, podamos hacer de nuestra vida una ofrenda de amor y llegar un día a la alegría eterna en la presencia de Dios. Amén.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.