Sábado de la II semana de Pascua .
De la gloria que tuvieron Cristo y su Santísima Madre, de la del glorioso san José.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Sábado de la II semana de Pascua .
De la gloria que tuvieron Cristo y su Santísima Madre, de la del glorioso san José.
Aunque como se ha dicho en la meditación pasada, Cristo nuestro Señor tuvo aumentos de gloria de la de todos los santos; pero como en el cielo no son todos iguales, sino que unos se diferencian de otros en los grados de gloria, como las estrellas en la magnitud y resplandor, el Redentor del mundo recibe más gozo del que tiene más gloria; no se puede negar, sino que le recibiría mayor de la del glorioso san José, así por ser más crecida como por ser Padre según la opinión, suyo en la tierra, y no haber hijo que no reciba gozo y tenga por felicidad la de su padre; por lo cual se pone aquí esta meditación, y después se pondrán las de otros santos cuyas fiestas se celebran por este tiempo, pertenecientes a la gloria de Cristo, y de camino se meditarán sus méritos y virtudes.
PUNTO PRIMERO. Considera lo primero la santidad y méritos del glorioso san José, a quien escogió Dios para esposo meritísimo de su Santísima Madre y padre, según la opinión, suyo. Pondera cuánta fue su humildad, su mansedumbre, su caridad, el amor de Dios y del prójimo que ardía en su corazón; su paciencia y obediencia en tantos caminos y peregrinaciones como anduvo por amor de Cristo; el amor que tuvo así a Cristo como a la Santísima Virgen; la conformidad en todo con la voluntad de Dios, y los grados de santidad á que llegó su benditísima alma, pues buscando Dios en todos los siglos pasados, presentes y por venir un esposo semejante en costumbres y santidad a la Beatísima Virgen, escogió entre todos los hombres al glorioso san José: adjutorium simile sibi, una ayuda y un compañero y coadjutor en su vida muy semejante a ella: da gracias al cielo por las que hizo a este santo patriarca; gózate de su dicha, y pide a Dios que te haga semejante a él, como la hizo a él semejante a su Santísima Madre, y a la Virgen que interceda para que tenga logro tu deseo.
PUNTO. II. Considera al glorioso san José en cuerpo y alma en el cielo; pues es muy probable, como lo afirman graves autores, que fue uno de los santos a quien resucitó Cristo consigo y le llevó triunfante a su gloria, por donde así como fue semejante a la Virgen en las virtudes, de la misma manera lo fue en los merecimientos y en la gloria que recibió en el cielo; la cual fue tan grande, que se puede creer que después de Cristo y su Santísima Madre fue la mayor, o de las mayores del cielo. Contempla su dicha, mírale coronado y favorecido de Cristo, honrándole con su lado en el trono de la gloria: dale mil parabienes, gozándote de su felicidad, y pídele que te tenga en su memoria para hacerte mercedes y alcanzarte gracias del Señor.
PUNTO III. Considera la gloria que tendría Cristo de ver a su Padre, según la opinión, en tan subido grado de gloria, y la que tiene asimismo la Santísima Virgen de verle glorificado en el cielo, y la que el mismo san José tiene de la de ambos; las gratificaciones que se dan y el gozo inamisible de su dicha, que si un hijo se gloría de la honra y buena dicha de sus padres, y un padre tiene por suya la de su hijo, y la esposa la de su esposo, a quien el amor unió con vínculo tan estrecho de caridad, como fue a estos santos amantes en la tierra y mucho más en el cielo, no se puede dudar sino que cada uno tiene por propia la gloria del otro, y que la de san José aumenta la de Cristo y de su Santísima Madre, y la de los dos aumenta la de san José, gozándose cordialísimamente los unos de la gloria de los otros, al paso que se aman, conocen y estiman, y desean su felicidad ¡Oh dichosos amantes! ¡oh caridad inmensa! ¡oh gloria inefable! ¡oh felicidad dichosa! Sea Dios bendito y alabado, y glorificado en sus santos, y los mismos santos glorificados en Dios por todos los siglos de los siglos. Amen.
PUNTO IV. Habiendo contemplado lo referido, vuelve los ojos á ti mismo, y medita los pasos por donde subió el glorioso patriarca san José a esta felicidad, y mira cómo le has de imitar para conseguir alguna parte de su gloria; pídele su favor para seguirle, y a Dios que te dé la mano y su gracia para copiar en tu alma sus virtudes, y a la reina del cielo que te las alcance por medio de su intercesión, que con tales patronos puedes tener mucha confianza de que tendrá buen logro tu petición.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.