jueves, 14 de mayo de 2026

Día 1. LAS ACCIONES DEL ESPÍRITU SANTO EN NUESTRAS ALMAS

 


Día primero

LAS ACCIONES DEL ESPÍRITU SANTO

EN NUESTRAS ALMAS

 

NOVENA

AL

ESPÍRITU SANTO

compuesta por Santa Elena Guerra, religiosa italiana fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo

 

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN ANTES DE LA MEDITACIÓN

Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado creador, no solamente porque estás en relación con nosotros, creaturas; sino también, porque moviendo en nuestras almas, santos pensamientos y afectos, creas en nosotros aquella santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud, y en cuanto a nosotros, te honraremos con este devoto ejercicio. Dígnate visitar con tu divina luz nuestra mente, y con tu suprema gracia nuestro corazón, para que nuestras oraciones suban agradables a ti, y del cielo, descienda sobre nosotros la abundancia de tus divinas misericordias. Amén.

 

Se lee la consideración diaria.

 

Día primero

MEDITACIÓN

LAS ACCIONES DEL ESPÍRITU SANTO

EN NUESTRAS ALMAS

Esa bellísima y noble creatura que es el alma humana, creada por la paternal mano de Dios, fue por el Eterno Amor enriquecida con las más selectas virtudes, que en ella produzcan sus frutos, gracias a la acción vivificante del mismo Amor que es el Espíritu Santo.

Las acciones de este Divino Espíritu en las almas son admirables, en cuanto más las contemplamos, más nos llenamos de la maravilla de su consolación. Inaccesible por su naturaleza, el Espíritu Santo se vuelve accesible por su infinita bondad, sobre todo con las almas que lo desean, al comunicarse con ellas de modo inexplicable. Él las llena de Sí, les hace sentir su presencia con luces, inspiraciones y gracias confortables de toda clase, que aunque sean simples en su esencia, son variados y múltiples sus efectos.

En la obra de la santificación de las almas, puede afirmarse que el Espíritu Santo es todo en todos.

Este dogma del inefable obrar del Espíritu Santo en el alma del cristiano, muestra claramente una verdad que lo eleva a una dignidad incomprensible, he aquí una expresión de esta verdad: ¡Un Dios se ocupa de mí!, ¡un Dios se preocupa por hacerme el bien! Su preocupación predilecta es desear mi perfección, Él trabaja en mí, piensa siempre en mí, ¡no cesa de trabajar por mi! ¿Y por qué todo eso?, porque me ama y me ama infinitamente; ¿por qué?, porque yo soy una feliz creatura de los eternos y amorosos cuidados de Dios.

Si esta verdad fuera por ti bien considerada y bien entendida, ¿Qué más te importaría, oh alma cristiana, de las cosas de la tierra? Tú, tan amada por Dios, ¿Cómo podrías desaprovechar sus afectos, desperdiciándolos por los bienes de esta tierra? Si te conocieras a ti misma y a Aquel que obra en ti, estarías muerta para el mundo y el mundo muerto para ti, y vivirías desde ahora toda en Dios.

 

MOMENTO PARA LA MEDITACIÓN PERSONAL

¡Oh Espíritu Santo, Eterno Amor!, esta pobre alma no encuentra palabras para expresar la dulce maravilla y el recogimiento que experimenta pensando en ti, ¡oh Altísimo Dios!, que te has dignado ocupar de esta mezquina creatura y le has hecho continuamente el bien, te agradezco de corazón; pero al mismo tiempo, siento la necesidad de pedirte perdón por haber valorado tan poco y correspondido tan mal, a tu amoroso obrar en mi alma. Tú me colmas de favores y favores tan grandes, que ni yo mismo consigo comprender, concédeme otro favor: aquel de hacerme apreciar los beneficios de tu Amor y de ayudarme a corresponderte fielmente.

¡Oh Espíritu Santo!, abre los ojos de mi mente, con aquella luz de la cual eres origen y fuente, y hazme conocer mejor los efectos del infinito amor que me ofreces, ¡oh Espíritu Santo!, mueve mi corazón a la verdadera y constante gratitud.

 

 

ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh prometido y suspirado Consolador!, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente; sé propicio a nuestras súplicas, descienda otra vez tu Divino Fuego en los corazones de los hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la tierra; llama nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana, a todos los que viven separados de ellas.

Oh Espíritu Santo, que eres el Amor ¡piedad de tanta mediocridad y de tantas almas que se pierden!; haz que rápidamente acontezca aquello que David profetizaba diciendo: "Envía tu Espíritu". Haznos nuevas creaturas, y así renovarás la faz de la tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: ¡Envía tu Espíritu, Señor, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra!

Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre.

 

Himno al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste.

Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras.

Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.

Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal.

Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos.

Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Veni, Creátor Spíritus, mentes tuórum vísita, imple supérna grátia, quæ tu creásti péctora.

Qui díceris Paráclitus, altíssimi donum Dei, fons vivus, ignis, cáritas, et spiritális únctio.

Tu septifórmis múnere, dígitus patérnæ déxteræ, tu rite promíssum Patris, sermóne ditans gúttura.

Accénde lumen sénsibus, infúnde amórem córdibus, infírma nostri córporis virtúte firmans pérpeti.

Hostem repéllas lóngius pacémque dones prótinus; ductóre sic te prævio vitémus omne nóxium.

Per te sciámus da Patrem noscámus atque Fílium, teque utriúsque Spíritum credámus omni témpore.

Deo Patri sit glória, et Fílio, qui a mórtuis surréxit, ac Paráclito, in sæculórum sǽcula. Amen.

 

 

V/. Envía tu Espíritu y serán creados.

R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

V/. Emitte Spíritum tuum, et creabúntur.

R/. Et renovábis faciem terræ.

Orémus

Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.