miércoles, 20 de mayo de 2026

DÍA 7. ¡OH DIVINO PARÁCLITO! ERES EL SANTIFICADOR DE LAS ALMAS

 


Séptimo día

¡OH DIVINO PARÁCLITO!

ERES EL SANTIFICADOR DE LAS ALMAS

 

NOVENA

AL

ESPÍRITU SANTO

compuesta por Santa Elena Guerra, religiosa italiana fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo

 

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN ANTES DE LA MEDITACIÓN

Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado creador, no solamente porque estás en relación con nosotros, creaturas; sino también, porque moviendo en nuestras almas, santos pensamientos y afectos, creas en nosotros aquella santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud, y en cuanto a nosotros, te honraremos con este devoto ejercicio. Dígnate visitar con tu divina luz nuestra mente, y con tu suprema gracia nuestro corazón, para que nuestras oraciones suban agradables a ti, y del cielo, descienda sobre nosotros la abundancia de tus divinas misericordias. Amén.

 

Se lee la consideración diaria.

 

Séptimo día

MEDITACIÓN

¡OH DIVINO PARÁCLITO!

ERES EL SANTIFICADOR DE LAS ALMAS

Si el Creador no quisiese elevar el alma humana a la vida sobrenatural, renovando su imagen y soplando sobre ella el Hálito Divino, estaríamos perdidos. Cuando Dios se comunica con la criatura, soplando sobre ella, le da siempre espíritu, vida, gracia, amor, mejor dicho, se da a Sí mismo. Una creatura que tiene el Espíritu Santo de Dios, no puede vivir sólo siguiendo las razones de la naturaleza terrena, que casi siempre se oponen a la gracia celestial; por el contrario, la gracia quiere elevarnos a la participación de la naturaleza divina. Pero, ¿Quién dará a una creatura de la tierra, ayuda y fuerza para vivir según la sublime vocación de un ser divinizado?, este milagro es obra del Divino Espíritu Santo, que es el Santificador de las almas; el cual con fuerza y suavidad conduce las almas al santo vivir, al que nosotros llamamos vida sobrenatural, que consiste no sólo en observar los mandamientos de la ley de Dios, sino en dirigir a él siempre todo nuestro ser, nuestro querer, nuestro hacer y sufrir, viviendo así únicamente para él. El nombre de Santificador de las Almas es dado al Espíritu Santo en la Divina Escritura, para indicar que él es principio y fuente de toda santidad, de él vienen las gracias, las luces, los consuelos y la ayuda para nuestra santificación; de hecho, es el que ilumina al pecador en su estado de peligro, lo despierta del sueño de la muerte, lo inspira en el deseo de volver a Dios, lo ayuda a curar el corazón del triple germen del mal, que consiste en el orgullo, la sensualidad y la avaricia. El Santificador lo hace mirar la dulzura de la virtud, la alegría de la paz y el consuelo del amor divino. Él reforma nuestro interior, mostrando la preciosidad de los sufrimientos y el premio de las buenas obras; él completa en nosotros la obra admirable de Dios, comunicando virtudes santificadoras en nuestras acciones. En verdad, el Divino Espíritu cumple con nosotros aquella promesa de la Sagrada Escritura: "Les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Los sacaré de sus sepulcros -del mortífero estado de culpa-, les daré mi espíritu y vivirán. Yo, dice, yo lo haré (Ez 37). ¿Qué más podría prometer el Señor tan consolador como esto?

 

MOMENTO PARA LA MEDITACIÓN PERSONAL

¡Oh Dios mío!, al considerar todas las obras de tu Amor, me doy cuenta que siempre son más admirables que todos los prodigios. El hombre creado por ti, llega a ser elevado a un estado de excelencia casi divina, y poco menor que la de los ángeles. ¡Oh Dios!, el hombre pecó, perdió el Espíritu Santo, y se hizo esclavo de lucifer. Sin embargo, tu mano vino sobre el hombre caído y lo levantó del antiguo terror; para levantar al hombre, el Divino Verbo se abajó hasta vestirse de nuestra naturaleza; fuiste al patíbulo y le arrebataste a satanás el poderío sobre los hombres, que fueron rescatados por la sangre de Dios, fueron hechos hombres nuevos por el Espíritu Santo, que los enriquece de dones y gracias, los santifica, los abraza... ¡Dios mío! Y saber que esta maravilla de amor la realizaste por nosotros y en nosotros, también por mí y en mí.

¿Cómo haré para amarte y no pensar sino en ti? ¡Oh Espíritu Santo de Amor!; perdóname, perdona a todos los cristianos por la ingratitud de tenerte olvidado; de ahora en adelante, ¡Oh Divino Espíritu!, nos uniremos para glorificarte y honrarte, no como mereces porque es imposible, pero sí de la mejor manera que podamos hacerlo.

 

 

ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh prometido y suspirado Consolador!, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente; sé propicio a nuestras súplicas, descienda otra vez tu Divino Fuego en los corazones de los hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la tierra; llama nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana, a todos los que viven separados de ellas.

Oh Espíritu Santo, que eres el Amor ¡piedad de tanta mediocridad y de tantas almas que se pierden!; haz que rápidamente acontezca aquello que David profetizaba diciendo: "Envía tu Espíritu". Haznos nuevas creaturas, y así renovarás la faz de la tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: ¡Envía tu Espíritu, Señor, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra!

Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre.

 

Himno al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste.

Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras.

Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.

Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal.

Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos.

Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Veni, Creátor Spíritus, mentes tuórum vísita, imple supérna grátia, quæ tu creásti péctora.

Qui díceris Paráclitus, altíssimi donum Dei, fons vivus, ignis, cáritas, et spiritális únctio.

Tu septifórmis múnere, dígitus patérnæ déxteræ, tu rite promíssum Patris, sermóne ditans gúttura.

Accénde lumen sénsibus, infúnde amórem córdibus, infírma nostri córporis virtúte firmans pérpeti.

Hostem repéllas lóngius pacémque dones prótinus; ductóre sic te prævio vitémus omne nóxium.

Per te sciámus da Patrem noscámus atque Fílium, teque utriúsque Spíritum credámus omni témpore.

Deo Patri sit glória, et Fílio, qui a mórtuis surréxit, ac Paráclito, in sæculórum sǽcula. Amen.

 

 

V/. Envía tu Espíritu y serán creados.

R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

V/. Emitte Spíritum tuum, et creabúntur.

R/. Et renovábis faciem terræ.

Orémus

Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.