Segundo día
EL ESPÍRITU SANTO HABITA EN NOSOTROS
NOVENA
AL
ESPÍRITU SANTO
compuesta por Santa Elena Guerra, religiosa italiana fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo
ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS
Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN ANTES DE LA MEDITACIÓN
Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado creador, no solamente porque estás en relación con nosotros, creaturas; sino también, porque moviendo en nuestras almas, santos pensamientos y afectos, creas en nosotros aquella santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud, y en cuanto a nosotros, te honraremos con este devoto ejercicio. Dígnate visitar con tu divina luz nuestra mente, y con tu suprema gracia nuestro corazón, para que nuestras oraciones suban agradables a ti, y del cielo, descienda sobre nosotros la abundancia de tus divinas misericordias. Amén.
Se lee la consideración diaria.
Segundo día
MEDITACIÓN
EL ESPÍRITU SANTO HABITA EN NOSOTROS
Esta es una consoladora verdad manifestada en el Evangelio: "Porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros." (Mt 10, 20). Esta verdad es confirmada por el apóstol Pablo cuando escribe a los Corintios: "¿No sabéis que el Espíritu Santo habita en vosotros?, ¿y no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?" (1 Co 6,19). Es por eso que la Iglesia Católica se alegra en llamar al Divino Espíritu, Dulce Huésped del Alma; Huésped que reviste de la gracia santificante, que irriga de divina luz y que hace capaz al alma de las obras merecedoras de la vida eterna. Según Santo Tomás, el Espíritu Santo es para nuestra alma lo que el alma misma es para nuestro cuerpo. Al igual que un cuerpo no puede vivir sin el alma, un alma privada del Espíritu Santo está muerta; muerta para la gracia, muerta al santo amor e incapaz de conquistar méritos para el cielo. ¡Ay de quien expulsa con el propio pecado al Dulce Huésped del Alma!, porque expulsa el amor, la gracia y pierde la propia vida. Sí, ¡oh cristiano!, el Espíritu habita en ti, y si tienes fe, debes estar convencido siempre de esta verdad: nunca te encontrarás solo, está contigo el Dulce Huésped del Alma; está contigo de día y de noche, en la fatiga y en el reposo, en la escasez y en la abundancia; contigo estará —y más que nunca— en la oración y en la tribulación. ¡Ah!, ¡si tú supieras valerte de la presencia de un amigo tan bueno y poderoso!, ¡si en las tentaciones, en los peligros y en las angustias te acordaras que tienes el Espíritu Santo dentro de ti!, y si a él recurrieras prontamente cuando se preocupara tu pequeño corazón. Detén tu pensamiento algunas veces durante el día en consideración de esta dulcísima verdad: ¡el Espíritu Santo habita en mí!, si pensaras así, no tendrías sólo alegrías, sino también nuevas fuerzas para avanzar en los caminos de la virtud.
MOMENTO PARA LA MEDITACIÓN PERSONAL
¡Oh Altísimo Dios!, que en todo siempre eres admirable y grande, pero aún más, en las obras de amor; elegiste al alma cristiana para tu tabernáculo y no sólo le conferiste tus bienes, sino que te donaste a ti mismo. ¡Ah!, isi tu bondad fuera al menos apreciada por algunas almas! ¡y si tú no fueras tan contristado y ofendido por esas almas que deberían amarte tanto! Me arrepiento, ¡oh Sumo Amor!, de haberte entristecido tantas veces con mi frialdad, mi olvido e ingratitud. Me arrepiento también, de haberte expulsado de mi corazón y de haber dado lugar a tu eterno enemigo, el pecado, y con éste al demonio. Pero, sé que una sincera lágrima de arrepentimiento servirá para llamarte; sé que eres más amoroso que una dulce madre; eres siempre pronto a perdonar; por eso, con confianza te digo: ¡ven oh Espíritu Santo!, ¡ven a esta alma que no quiere entristecerte más!, ¡ni ofenderte jamás!
ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh prometido y suspirado Consolador!, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente; sé propicio a nuestras súplicas, descienda otra vez tu Divino Fuego en los corazones de los hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la tierra; llama nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana, a todos los que viven separados de ellas.
Oh Espíritu Santo, que eres el Amor ¡piedad de tanta mediocridad y de tantas almas que se pierden!; haz que rápidamente acontezca aquello que David profetizaba diciendo: "Envía tu Espíritu". Haznos nuevas creaturas, y así renovarás la faz de la tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: ¡Envía tu Espíritu, Señor, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra!
Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre.
Himno al Espíritu Santo
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Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste. Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción. Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras. Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo. Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal. Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos. Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.
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Veni, Creátor Spíritus, mentes tuórum vísita, imple supérna grátia, quæ tu creásti péctora. Qui díceris Paráclitus, altíssimi donum Dei, fons vivus, ignis, cáritas, et spiritális únctio. Tu septifórmis múnere, dígitus patérnæ déxteræ, tu rite promíssum Patris, sermóne ditans gúttura. Accénde lumen sénsibus, infúnde amórem córdibus, infírma nostri córporis virtúte firmans pérpeti. Hostem repéllas lóngius pacémque dones prótinus; ductóre sic te prævio vitémus omne nóxium. Per te sciámus da Patrem noscámus atque Fílium, teque utriúsque Spíritum credámus omni témpore. Deo Patri sit glória, et Fílio, qui a mórtuis surréxit, ac Paráclito, in sæculórum sǽcula. Amen.
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V/. Envía tu Espíritu y serán creados. R/. Y renovarás la faz de la tierra. Oración Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. |
V/. Emitte Spíritum tuum, et creabúntur. R/. Et renovábis faciem terræ. Orémus Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen. |