Miércoles de la Octava de Pascua.
De la grandeza y valor del don del Espíritu Santo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Miércoles de la Octava de Pascua.
De la grandeza y valor del don del Espíritu Santo.
PUNTO PRIMERO. Para rastrear la grandeza de este don y conocer lo que debes a Dios por él, y cómo le has de estimar, conviene considerar cuatro cosas, en que se dividirían los cuatro puntos de esta meditación; conviene a saber: quién le da; a quién le da; qué da, y por qué le da. Lo primero, considera que quien le da es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que por este costado sube el valor de este don infinito quilates por la infinita santidad, majestad y grandeza del dador, el cual sin duda fuera sumo por esta razón cuando de su cosecha no tuviera ser tan grande; danle el Padre y el Hijo porque le envían y es don del mismo Espíritu Santo, porque viene a los hombres voluntariamente por su infinito amor y caridad; y así, por la fuente de donde nace y por la mano de quien viene, es de sumo valor y estimación, y como tal le debes estimar y agradecer.
PUNTO II. Considera a quién se da y quien viene, que es al hombre por ambos costados de cuerpo y alma, indignísimo de tan soberano don; por el del cuerpo, porque es una sentina de miseria y un agregado de corrupción, como dijo san Bernardo; y por el del alma, lleno de abominaciones y pecados; y es tan bueno y tan santo, que se comunica liberal amorosamente a los mismos que más le han ofendido; y como dijo el profeta Joel á toda carne, sin exceptuar a alguno: pues si fue una acción tan admirable unirse el Verbo Eterno con un hombre que dijo Cristo a Nicodemus, que había Dios hecho alarde de lo que amaba al mundo dándole a su Hijo ¿cuánto más mostró su amor dándole al Espíritu Santo, no para que se uniese con solo un hombre, sino con todos por su gracia? ¡Oh don altísimo, y cuán subido es tu valor y la merced que nos hiciste! Ven a mi alma, pues bajas a las de lodo sin asco de nuestras miserias y pecados, y santifícala y hónrala con tu presencia y con tu gracia.
PUNTO III. Considera la grandeza de este don por lo que tiene de su cosecha, pues es la tercera persona de la Santísima Trinidad, y por antonomasia el don del Altísimo; porque no tiene más quedar que la fuente de todos los dones, porque en esta pieza sola los da todos y todas las gracias; y por eso dijo Cristo que el que le recibiere brotará en él una fuente de agua viva de vida eterna. Mira cuánto mereciste tú recibir tan soberano don de Dios, y no ceses de darle infinitas gracias por él; y cobra una grande confianza en el Señor de que te concederá lo que le pidieres, pues quien te dio lo más, te dará lo menos, y quien sin merecerlo te dio al Espíritu Santo, dará todas las cosas con él.
PUNTO IV. Crece también el aprecio de este soberano don por las causas que le mueven a darle que son su infinita bondad y caridad, el amor que tiene a los hombres, las necesidades que los ve padecer, los desconsuelos y orfandad, y viene a consolarlos, fortalecerlos, y serles Padre, maestro y abogado, en lugar de Cristo nuestro Señor, cumpliéndose la promesa que les hizo antes de partirse, que había de rogar a su Padre y les había de enviar otra espíritu paráclito y consolador que estuviese siempre con ellos: un jarro de agua fría dado en la necesidad, es de tanto valor, que dice Cristo que por ella dará la vida eterna ¿pues qué valor será el del Espíritu Santo dado a los hombres en tan urgente necesidad? Levanta el corazón a Dios y pide a todos los del cielo que alaben su infinita bondad, y ofrécele tú todas las alabanzas que le dan todas las criaturas visibles e invisibles, y hallándote tan empeñado en agradecer y servir a tan grande Señor por tan incomparable merced y tan soberano don; mira qué le has de retornar y qué le has de dar por él, llora lo mal que le has servido y ofrécete a sus pies para ser esclavo suyo eternamente.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.