jueves, 21 de mayo de 2026

Cómo los discípulos volvieron a Jerusalén después de la Ascensión del Señor

 


Viernes después del domingo de la Ascensión

Cómo los discípulos volvieron a Jerusalén después de la Ascensión del Señor

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes después del domingo de la Ascensión

Cómo los discípulos volvieron a Jerusalén después de la Ascensión del Señor.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo aparecieron dos ángeles y ordenaron a los discípulos que volviesen a Jerusalén, y ellos obedecieron, y como dice san Lucas, se recogieron en el Cenáculo, a donde conviene que entres con ellos y contemples lo que hacen y en qué entienden, y aprendas a obedecer a Dios y a disponerte para merecer la venida del Espíritu Santo. Contempla lo primero, cómo vendrían todos poseídos de aquel vino celestial del amor de Cristo, sin poder borrar de su memoria la imagen de su Ascensión, ni de sus corazones el deseo de seguirle, meditando continuamente en su triunfo y su gloria, y deseando verse en ella; acompáñalos tú con el mismo deseo, y sube ahora con el alma al cielo levantando tu corazón de todo lo terreno, para que cuando venga el día señalado puedas seguirle también con el cuerpo.

 

PUNTO II. Medita lo que enseña san Agustín; conviene a saber, que podemos hacer una escala de nuestros vicios para subir con Cristo al cielo, pisándolos y haciéndonos superiores a ellos; porque así como nos detienen y abaten cuando nos sujetan y son superiores a nosotros, así también nos ensalzan cuando los sujetamos y ponemos debajo de nuestros pies, pisando la honra, la codicia y el deleite, y nos hacemos superiores a ellos, levantándonos al cielo tantos grados cuantos son los vicios que pisamos ¡Oh si supieses hacer escala de tus pecados para subir con Cristo al cielo! no te abraces con los vicios que te derribarán en el infierno, sino desprécialos y písalos y te levantarán al cielo; no sube con Cristo la soberbia, ni la avaricia, ni la venganza, ni el deleite sensual, ni alguno de los otros vicios, sino la humildad y la paciencia, la caridad, la mansedumbre, el sufrimiento y el resto de las otras virtudes; pídele al Señor gracia por su gloriosa Ascensión para saber fabricar esta escala pisando los vicios y amando las virtudes.

 

PUNTO III. Considera las visitas que Cristo haría a los Apóstoles estos días, consolándolos y esforzándolos, y renovando sus esperanzas con la promesa del Espíritu Santo, y cómo cada uno se le ofrecería ir por el mundo a predicar su Evangelio, y dar la vida por su amor con alegría en cumplimiento de lo que les había mandado el día de su partida a los cielos. Entra en su compañía y ofrécete con ellos al Señor para hacer lo mismo y dar tu vida en su servicio.

 

PUNTO IV. Contempla los coloquios que tendrían con la Santísima Virgen María Señora nuestra, y cómo les daría parte de las revelaciones del cielo, y les diría el triunfo con que había entrado el Salvador en él, su coronación, su trono, los cargos y preeminencias que le había dado el Eterno Padre de juez y de abogado de todo el género humano; el gozo que tendrían de oírlo, las gracias que darían a Dios, y los plácemes y gratulaciones a Cristo y a su benditísima Madre, y el retorno de gozo y devoción que recibirían ¡Oh compañía santa! ¡Oh coloquios celestiales! ¡Oh almas santas que merecisteis tal consuelo! Dadme, Señor, gracia para que medite vuestros misterios y contemple vuestras glorias, y merezca gozarme con vuestros discípulos en ellas, y perseverar con ellos en vuestro santo servicio.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.