domingo, 17 de mayo de 2026

DÍA 4. EL ESPÍRITU SANTO ES EL DADOR DE LOS DONES

 


Cuarto día

EL ESPÍRITU SANTO

ES EL DADOR DE LOS DONES

 

NOVENA

AL

ESPÍRITU SANTO

compuesta por Santa Elena Guerra, religiosa italiana fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo

 

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN ANTES DE LA MEDITACIÓN

Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado creador, no solamente porque estás en relación con nosotros, creaturas; sino también, porque moviendo en nuestras almas, santos pensamientos y afectos, creas en nosotros aquella santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud, y en cuanto a nosotros, te honraremos con este devoto ejercicio. Dígnate visitar con tu divina luz nuestra mente, y con tu suprema gracia nuestro corazón, para que nuestras oraciones suban agradables a ti, y del cielo, descienda sobre nosotros la abundancia de tus divinas misericordias. Amén.

 

Se lee la consideración diaria.

 

Cuarto día

MEDITACIÓN

EL ESPÍRITU SANTO

ES EL DADOR DE LOS DONES

Es propio del amor beneficiar y repartir dones, esto sucede especialmente con el Espíritu Santo, que es el Amor por excelencia, y lo hace con las criaturas necesitadas que se confían a tan grande Proveedor, el cual les concede no solo aquello que le es pedido, sino que responde con abundancia ante cada solicitud y deseo. Sus verdaderos devotos son los que reciben de él un filial temor, que los aparta del pecado; una fervorosa piedad, que los hace más queridos por Dios y benevolentes con el prójimo; una ciencia, que endereza los propios juicios y hace que se vean claramente las cosas de Dios, una sobrehumana fortaleza, donde todo obstáculo es superado, un celeste consejo, para distinguir los movimientos de la gracia y para elegir prudentemente los medios más apropiados para la salvación; un sobrenatural intelecto, que es sustento para la fe y luz para la voluntad; y finalmente, una sabiduría celestial, que los lleva a adherir sus pensamientos y voluntades al querer divino, colocándolos en perfecto acuerdo con Dios. ¿Cómo es que teniendo un Benefactor tan abundante de gracias y de dones, somos tan pobres?, pobre es nuestro espíritu de celestiales dones, carente es nuestro corazón de virtudes, despojada y sin méritos es nuestra alma; entonces, ¿de dónde surge la pobreza, si están abiertos ante nosotros los tesoros del Paráclito, dador de todo bien que nos ama infinitamente?; sí, el Espíritu Santo nos ama infinitamente y concede sus mejores dones a aquellos que los desean, a quienes piden, a aquellos que finalmente le corresponden. Con la mano en el corazón, ¡oh cristiano!, reconoce tu pobreza espiritual. Y pide, como corresponde, las inspiraciones, las luces y las gracias del Paráclito.

¿Deseaste ardientemente sus preciosos dones?, ¿pediste con fervorosa y constante oración?, ¿despojaste tu corazón de las cosas de la tierra, para enriquecerte de los tesoros del cielo? Reflexiona y responde.

 

MOMENTO PARA LA MEDITACIÓN PERSONAL

Confieso, ¡oh Amor Supremo de la humanidad!, confieso que la deplorable pobreza de esta alma es pobreza voluntaria; yo mismo me encadené, porque no aprecié, no deseé, y no pedí favores celestiales, riquezas que tú tan amorosamente derramaste en tus criaturas; he obrado peor aún, yo que recibí tantas veces tu dulce libertad, tantos dones, inspiraciones y gracias, no te correspondí, y como el siervo ingrato del Evangelio, enterré tus dones en el lodo más negligente de mi pereza y en la dejadez de mi indiferencia. ¡Oh Dios mío!, ¿cuánto mal yo hice a tu infinita bondad? y ¿cuánto mal me hice a mí mismo? Sin embargo, tú eres el Amor, el Amor omnipotente. No quieras castigar este siervo infiel, al contrario, acepta mi arrepentimiento unido a la promesa de corresponder, en un futuro, a tus dones.

 

 

 

ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh prometido y suspirado Consolador!, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente; sé propicio a nuestras súplicas, descienda otra vez tu Divino Fuego en los corazones de los hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la tierra; llama nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana, a todos los que viven separados de ellas.

Oh Espíritu Santo, que eres el Amor ¡piedad de tanta mediocridad y de tantas almas que se pierden!; haz que rápidamente acontezca aquello que David profetizaba diciendo: "Envía tu Espíritu". Haznos nuevas creaturas, y así renovarás la faz de la tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: ¡Envía tu Espíritu, Señor, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra!

Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre.

 

Himno al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste.

Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras.

Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.

Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal.

Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos.

Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Veni, Creátor Spíritus, mentes tuórum vísita, imple supérna grátia, quæ tu creásti péctora.

Qui díceris Paráclitus, altíssimi donum Dei, fons vivus, ignis, cáritas, et spiritális únctio.

Tu septifórmis múnere, dígitus patérnæ déxteræ, tu rite promíssum Patris, sermóne ditans gúttura.

Accénde lumen sénsibus, infúnde amórem córdibus, infírma nostri córporis virtúte firmans pérpeti.

Hostem repéllas lóngius pacémque dones prótinus; ductóre sic te prævio vitémus omne nóxium.

Per te sciámus da Patrem noscámus atque Fílium, teque utriúsque Spíritum credámus omni témpore.

Deo Patri sit glória, et Fílio, qui a mórtuis surréxit, ac Paráclito, in sæculórum sǽcula. Amen.

 

 

V/. Envía tu Espíritu y serán creados.

R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

V/. Emitte Spíritum tuum, et creabúntur.

R/. Et renovábis faciem terræ.

Orémus

Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.