domingo, 24 de mayo de 2026

De la venida del Espíritu Santo.

 


Lunes de la octava de Pentecostés.

De la venida del Espíritu Santo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la octava de Pentecostés.

De la venida del Espíritu Santo.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas, que cumpliéndose los días de Pentecostés, que era una pascua de aquel pueblo, estando todos los discípulos juntos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; a donde debes ponderar la fidelidad de Cristo en cumplir sus promesas, y la certidumbre de sus palabras, y cómo todas se cumplirán infaliblemente; pues tan breve y abundantemente cumplió la que les había dado, de enviarles el Espíritu Santo; y pondera que no se olvidó como los hombres, aunque se vio en el trono de su gloria a la diestra de su Eterno Padre, de lo que les había ofrecido, antes lo solicitó hasta verlo ejecutado, enviándoles el Espíritu Santo; de que has de sacar afectos de confianza en el Señor, estima de su palabra, y documentos para cumplir la tuya no solamente a los hombres sino mucho más à Dios; mira cuántas le has dado de enmendarte y de servirle, y cuán mal las cumples, y pídele por ello perdón; y aprende otro sí a no envanecerte en las prosperidades, ni olvidarte de los humildes, como Cristo no. se olvidó de los suyos ni se olvida de ti.

 

PUNTO II. Considera las gracias que todo aquel santo colegio dio al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por este don inestimable; al Padre por haberle enviado: al Hijo por haberle solicitado; al Espíritu Santo por haber venido. No perdones a tu lengua sino da gracias a Dios por las mercedes que te hace, y al Hijo porque te las negocia, y al Espíritu Santo porque te las comunica, reconociéndolas todas por don de su divina mano.

 

PUNTO III. Considera los parabienes que se darían los discípulos unos a otros por esta merced tan singular como habían recibido de Dios, y en especial a la Beatísima Virgen, a cuyos méritos y oraciones le atribuirían después de Cristo, y le darían gracias por ella; considera otro sí como enfervorizados con este fuego sagrado, se animarían y convidarían unos a otros a las alabanzas del Señor y a todas las cosas de su servicio, afectos propios del Espíritu Santo: gózate del bien de los apóstoles; dales el pláceme de la merced recibida; aprende de su fervor, y pídeles a todos, y en especial a la Santísima Virgen, te alcancen este Santo Espíritu de Dios.

 

PUNTO IV. Considera el amor tan perfecto y encendido que aprendió el Espíritu Santo en los corazones de los fieles, no solo para con Dios nuestro Señor, sino también para con sus prójimos, sin limitarse a personas o lugares, sino como el fuego que calienta igualmente a todos; y así salieron luego a comunicar a sus prójimos el bien que habían recibido, y a darles las noticias que les había dado. Vuelve los ojos a ti, y mira si tienes alguna centella de este fuego sagrado, así para amar a Dios como a tus prójimos, y no ser escaso en sus dones con tus hermanos, llora tu pobreza, y pide al Divino Espíritu que venga sobre ti, y te encienda en su amor y en el de tus prójimos, como encendió a los sagrados apóstoles.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.