Vigilia de Pentecostés.
De cómo se dispusieron los discípulos del Señor para recibir al Espíritu Santo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Vigilia de Pentecostés.
De cómo se dispusieron los discípulos del Señor para recibir al Espíritu Santo.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas: conviene a saber, que en subiendo Cristo al cielo se recogieron sus discípulos en Jerusalén; a donde estuvieron perseverando , unánimes en oración con las mujeres y la Madre de Dios, y sus hermanos, diez días que dilató el Redentor enviarles al Espíritu Santo; a donde tienes materia para los puntos de esta meditación, considerando las diligencias que hicieron de su parte los apóstoles para conseguir su venida; y lo primero considera por qué causa no les dio Cristo a sus discípulos el Espíritu Santo antes de partirse al cielo, sino después de tantos días, y fue, como enseña san Basilio, para que le deseasen, pidiesen y estimasen más cuando le hubiesen alcanzado; por las mismas causas dilata Dios darte las mercedes que le pides, para probar tu esperanza, y por tanto hay que aprender de estos santos a perseverar en los buenos deseos que Dios te diere, y esperar en el Señor que te los cumplirá como fuere servido de dártelos.
PUNTO II. Considera cómo perseveraron unánimes y conformes con suma paz y concordia sin haber entre ellos contradicción ni amargura; unidos y enlazados con el vínculo de la fraterna caridad, virtud agradabilísima a Dios y al Espíritu Santo, el cual no viene sobre los discordes, sino sobre los que tienen paz y concordia y están unidos en caridad; así como el alma anima los miembros que están unidos y trabados con el cuerpo, de la misma manera es el Espíritu Santo, que es espíritu de amor y lazo de caridad entre el Padre y el Hijo, y como el alma de la Iglesia, que no hace asiento en los miembros discordes de ella, sino en los que están unidos con el lazo estrecho de la fraterna caridad; por tanto pide a Dios te dé esta virtud y gracia para tener paz y unión con tus hermanos, y resuélvete en su presencia a no romperla por todos los intereses del mundo para que merezcas recibir al Espíritu Santo en tu alma.
PUNTO III. Considera cómo perseveraban en oración, pidiendo todos juntos y cada uno de por sí con lágrimas y gemidos al Padre y al Hijo que les enviasen al Espíritu Santo, y a él mismo que viniese y los consolase esforzase y fortaleciese en su gracia, no obstante que tenían empeñada la palabra de Cristo de que se le había de enviar, porque sabían que no viene la gracia del cielo, sino es mediante la oración, y aunque no dudaban del cumplimiento de la promesa; pero como no había plazo señalado, clamaban al Señor pidiéndole que abreviase los tiempos y les enviase este soberano don, y al mismo Espíritu Santo que viniese; pues si los sagrados Apóstoles compraron a precio de oraciones el don que les estaba prometido ¿cuánta mayor necesidad tendrás tú de orar a Dios para alcanzar las mercedes que pretendes de su mano? Resuélvete firmemente a perseverar en oración si quieres alcanzar la misericordia de Dios; y pondera el recogimiento que tuvieron estos santos diez días en el Cenáculo, dando de mano a todos los negocios seglares, medio muy importante para tener bien oración, y procura recogerte e imitarlos si quieres alcanzar el Espíritu Santo que alcanzaron.
PUNTO IV. Lo último considera lo que dice san Lucas que se acompañaron con las santas mujeres, discípulas del Señor, las cuales oraban con ellos y con la Santísima Virgen María Madre de Dios, en que tienes dos grandes documentos. El primero es la castidad que guardaron los discípulos del Señor, pues viviendo de puertas adentro con las mujeres, no hubo entre todos un pensamiento malo, sino todos del cielo y de alcanzar el Espíritu Santo; el cual, como dice san Basilio, viene a los castos y puros en sus almas, y huye de los lascivos y deshonestos; así como la paloma, cuyo símbolo tomó, huye de los lugares inmundos y de mal olor, y viene como reclamo a los limpios y de buen olor; por lo cual si deseas que venga a tu alma, límpiala y purifícala de todo mal olor de este vicio y de la corrupción de los apetitos desordenados. El segundo documento es acompañarte con la Beatísima Virgen, como lo hicieron los discípulos de Cristo, por cuyo medio consiguieron su pretensión; la Virgen es la poderosa y la que alcanza cuanto pide de Dios: entrégate a su servicio, negocia su patrocinio, alcanza su protección y conseguirás esta merced y las que pidieres a Dios.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.