Noveno día
LOS BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO
NOVENA
AL
ESPÍRITU SANTO
compuesta por Santa Elena Guerra, religiosa italiana fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo
ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS
Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN ANTES DE LA MEDITACIÓN
Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado creador, no solamente porque estás en relación con nosotros, creaturas; sino también, porque moviendo en nuestras almas, santos pensamientos y afectos, creas en nosotros aquella santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud, y en cuanto a nosotros, te honraremos con este devoto ejercicio. Dígnate visitar con tu divina luz nuestra mente, y con tu suprema gracia nuestro corazón, para que nuestras oraciones suban agradables a ti, y del cielo, descienda sobre nosotros la abundancia de tus divinas misericordias. Amén.
Se lee la consideración diaria.
Noveno día
MEDITACIÓN
LOS BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO
Sin duda, los beneficios revelan al Benefactor, y cuantos más excelentes y múltiples son los beneficios, más excelente y más amoroso es el Benefactor; nosotros nunca podremos llegar a conocer todos los beneficios que recibimos del Espíritu Santo; por su parte, la Iglesia, con los nombres que le concede, nos muestra gran parte de sus gracias llamándolo Luz de los corazones; la Iglesia, a través de explicaciones divinas, nos da a conocer la gracia hermosa que el Espíritu Santo comparte con nosotros; lo llama Fuego, porque nos recuerda cómo por medio de él vienen a nuestro corazón las llamas del Divino Amor; lo llama Dulce Huésped del Alma, porque nos asegura su presencia en nosotros; también lo llama Padre de los Pobres, Dispensador de Dones, Fuente Viva, Consolador Perfecto; de él recibimos incesantemente múltiples beneficios. Las simbólicas formas que quiso asumir para dirigirse a los mortales, son la mejor vía para conocer los beneficios del Paráclito. En el bautismo del Salvador, el Espíritu Santo asume la forma de una cándida paloma; en el misterio de la Transfiguración de nuestro Señor, San Ambrosio, Santo Tomás y otros, reconocen al Espíritu Santo en la nube radiante que aparece sobre el Tabor, como símbolo de la amorosa protección del Paráclito sobre nosotros, y al mismo tiempo, lo reconocen como principio de aquella fecundidad sobrenatural, que el propio Espíritu Santo infunde en las almas; después, aparece en el Cenáculo como Fuego celeste, y dispensa muchos de sus beneficios, principalmente, aquel de esclarecer y de inflamar las almas de santos ardores, de comunicarles la admirable actitud de hacer el bien y de conducirlas a actuar, no humanamente y según la naturaleza, sino divinamente y según la gracia; y como el fuego convierte en fuego aquello que en él es inmerso, así el divino fuego del Espíritu Santo si no puede hacernos divinos por naturaleza, lo hará por gracia. Admira, ¡oh alma fiel!, estas maravillas de amor, y di si no serán para ti grandes ventajas. Como devotos del Espíritu Santo, seguramente obtendremos sus beneficios.
MOMENTO PARA LA MEDITACIÓN PERSONAL
¡Oh divino Espíritu Santo!, entre todos tus dones, existe uno infinitamente más precioso que los otros; Don que no tiene un nombre en particular, porque eres tú mismo quien verdaderamente te das a las almas justas. Pero, ¿por qué dije que ese Don no tiene nombre?, por supuesto que lo tiene, dado por ti, pues lo llamaste Don Altísimo de Dios, y no hay otro nombre que mejor le convenga. ¿Y qué harán nuestras almas al final de esta novena, oh Espíritu Santo?, pediremos el Don de Dios Altísimo ¡Tú mismo!, y para obtenerlo, dejaremos lugar en nuestro corazón, arrancando todo afecto que no te agrada. ¿Y tú, Eterno Amor, qué harás?, ¡haz todo lo que hiciste en el Cenáculo! ¡Ven!, ¡ven!, ¡ven!; visita las mentes de tus siervos y colma los corazones de abundantes gracias. Ven!, y con tus llamas erradica de nosotros el viejo Adán; ¡Ven!, y pósate en las facultades de mi alma y de mis sentidos, gobierna y dirige todos mis actos para ti; extiende tus beneficios a todos los creyentes, y así obtendremos más rápidamente la renovación de la faz de la tierra.
ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh prometido y suspirado Consolador!, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente; sé propicio a nuestras súplicas, descienda otra vez tu Divino Fuego en los corazones de los hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la tierra; llama nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana, a todos los que viven separados de ellas.
Oh Espíritu Santo, que eres el Amor ¡piedad de tanta mediocridad y de tantas almas que se pierden!; haz que rápidamente acontezca aquello que David profetizaba diciendo: "Envía tu Espíritu". Haznos nuevas creaturas, y así renovarás la faz de la tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: ¡Envía tu Espíritu, Señor, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra!
Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre.
Himno al Espíritu Santo
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Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste. Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción. Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras. Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo. Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal. Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos. Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.
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Veni, Creátor Spíritus, mentes tuórum vísita, imple supérna grátia, quæ tu creásti péctora. Qui díceris Paráclitus, altíssimi donum Dei, fons vivus, ignis, cáritas, et spiritális únctio. Tu septifórmis múnere, dígitus patérnæ déxteræ, tu rite promíssum Patris, sermóne ditans gúttura. Accénde lumen sénsibus, infúnde amórem córdibus, infírma nostri córporis virtúte firmans pérpeti. Hostem repéllas lóngius pacémque dones prótinus; ductóre sic te prævio vitémus omne nóxium. Per te sciámus da Patrem noscámus atque Fílium, teque utriúsque Spíritum credámus omni témpore. Deo Patri sit glória, et Fílio, qui a mórtuis surréxit, ac Paráclito, in sæculórum sǽcula. Amen.
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V/. Envía tu Espíritu y serán creados. R/. Y renovarás la faz de la tierra. Oración Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. |
V/. Emitte Spíritum tuum, et creabúntur. R/. Et renovábis faciem terræ. Orémus Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen. |