Sexto día
EL ESPÍRITU SANTO ES NUESTRO ABOGADO
NOVENA
AL
ESPÍRITU SANTO
compuesta por Santa Elena Guerra, religiosa italiana fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo
ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS
Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN ANTES DE LA MEDITACIÓN
Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado creador, no solamente porque estás en relación con nosotros, creaturas; sino también, porque moviendo en nuestras almas, santos pensamientos y afectos, creas en nosotros aquella santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud, y en cuanto a nosotros, te honraremos con este devoto ejercicio. Dígnate visitar con tu divina luz nuestra mente, y con tu suprema gracia nuestro corazón, para que nuestras oraciones suban agradables a ti, y del cielo, descienda sobre nosotros la abundancia de tus divinas misericordias. Amén.
Se lee la consideración diaria.
Sexto día
MEDITACIÓN
EL ESPÍRITU SANTO ES NUESTRO ABOGADO
Los débiles, los huérfanos y quienes carecen de derechos, tienen la necesidad de un defensor, de un abogado que tenga en el corazón los intereses de ellos y trabaje para hacerles el bien. A los cristianos no les falta este Abogado, fue nuestro amado Salvador quien nos lo prometió, nos lo dio y es su mismo Amor: el Espíritu Santo. Sin embargo, ¿quién podrá decirnos todo el bien que nos hace este Abogado, ese Amor eterno cuyas palabras, obras y relaciones con las almas son todas amor? Y este Amor -como sabemos por medio de San Pablo- está especialmente con nosotros y viene en auxilio de nuestra debilidad cuando rezamos. Nuestra miseria es tan grande, que no sabemos orar como conviene; nuestra ceguera es tan grande, que ni siquiera sabemos qué pedir; es aquí que nos ayuda el Espíritu Santo, que dentro de nosotros ora y suplica con gemidos inenarrables; así, Dios que escruta nuestro corazón, que conoce muy bien aquello que pedimos -con gemidos inspirados por el Espíritu Santo— nos da la consoladora certeza de ser escuchados. ¡Por lo tanto, Dios mismo ora en mí!, el eterno Amor viene a suscitar en nosotros santos gemidos y enciende muchos afectos en nuestro corazón, de esa forma, nos ayuda a invocar la divina misericordia. El Espíritu Santo reza en mí y eleva mi alma a las fuentes de la vida eterna, enriqueciéndola de todo bien. El Espíritu Santo ora en mí y me da tanta eficacia en mis pobres fuerzas, que es preciso honrar y agradecer dignamente al Altísimo. El Espíritu Santo ora en mí y los tesoros de la gracia divina se abren delante de mí y a mi favor, se abren también para todos aquellos por quienes rezo. ¿Qué puede ser negado para aquel cuya oración sube al cielo unida a los gemidos inenarrables del Divino Amor?, y si este fuera el único bien alcanzado por la devoción al Espíritu Santo, ya seríamos suficientemente felices. ¿El Espíritu Santo también rezará en aquellos que lo olvidaron?
MOMENTO PARA LA MEDITACIÓN PERSONAL
¡Oh divino Abogado de las almas, que eres todo Amor, siempre Amor, perfecto Amor!; yo exulto y me alegro al saber que eres así, tan bueno, y que te has dignado morar dentro de nosotros, orar en nosotros y enviar al corazón del Padre celeste esos preciosos e inefables gemidos, que lo mueven a concedernos toda gracia. ¡Cómo me arrepiento ahora, oh Espíritu Santo, de conocerte tan poco y apreciar tan limitadamente tu infinito poder de intercesión y de oración dentro de mí! Si mi oración ha sido hasta ahora distraída e ineficaz, es porque yo no pensaba en ti, mi divino Abogado, porque siguiendo la confusión de estos tiempos, yo no procuré una instrucción religiosa y no cultivé la devoción para contigo, mi Maestro, mi Consolador y Santificador de mi alma. Pero, a partir de ahora, no será así; te pido perdón, oh Espíritu Santo, prometo no olvidarte más y proclamar a los demás las verdades católicas, que son luz para la mente y alegría para el corazón.
ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh prometido y suspirado Consolador!, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente; sé propicio a nuestras súplicas, descienda otra vez tu Divino Fuego en los corazones de los hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la tierra; llama nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana, a todos los que viven separados de ellas.
Oh Espíritu Santo, que eres el Amor ¡piedad de tanta mediocridad y de tantas almas que se pierden!; haz que rápidamente acontezca aquello que David profetizaba diciendo: "Envía tu Espíritu". Haznos nuevas creaturas, y así renovarás la faz de la tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: ¡Envía tu Espíritu, Señor, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra!
Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre.
Himno al Espíritu Santo
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Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste. Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción. Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras. Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo. Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal. Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos. Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.
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Veni, Creátor Spíritus, mentes tuórum vísita, imple supérna grátia, quæ tu creásti péctora. Qui díceris Paráclitus, altíssimi donum Dei, fons vivus, ignis, cáritas, et spiritális únctio. Tu septifórmis múnere, dígitus patérnæ déxteræ, tu rite promíssum Patris, sermóne ditans gúttura. Accénde lumen sénsibus, infúnde amórem córdibus, infírma nostri córporis virtúte firmans pérpeti. Hostem repéllas lóngius pacémque dones prótinus; ductóre sic te prævio vitémus omne nóxium. Per te sciámus da Patrem noscámus atque Fílium, teque utriúsque Spíritum credámus omni témpore. Deo Patri sit glória, et Fílio, qui a mórtuis surréxit, ac Paráclito, in sæculórum sǽcula. Amen.
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V/. Envía tu Espíritu y serán creados. R/. Y renovarás la faz de la tierra. Oración Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. |
V/. Emitte Spíritum tuum, et creabúntur. R/. Et renovábis faciem terræ. Orémus Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen. |