Lunes de la I semana después de Pentecostés.
Cristo se despidió de los apóstoles.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la I semana después de Pentecostés.
Del Evangelio de san Mateo, en que Cristo se despidió de los apóstoles.
Junto Cristo a los suyos antes de partir al cielo, y comunicóles la potestad que había recibido de su Eterno Padre en los cielos y en la tierra, y mandóles que fuesen a predicar por todo el mundo lo que les había enseñado, y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ofreciéndoles su asistencia hasta el fin de los siglos.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice Cristo, que le ha sido dado todo el poder, así en los cielos como en la tierra, para hacer y deshacer, y juzgar al mundo, y traerle a su servicio: gózate de tener Padre y Señor tan poderoso, y cobra grande confianza de alcanzar lo que pidieres, teniendo tanta mano en el cielo y en la tierra, quien te ama y desea tu bien intensamente; pondera la potestad y grandeza a que el Padre sublimó a Cristo, por la humildad tan profunda con que se sujetó a los hombres en la tierra; y saca de aquí propósitos de humillarte, y sufrir afrentas y desprecios de los hombres, esperando el galardón de Dios.
PUNTO II. Considera cómo Cristo no limitó la potestad que recibió a sí solo, ni se desdeñó como los hombres de tener consortes en ella, sino que de su bella gracia la comunicó a sus discípulos para bien de todo el mundo; dale muchas gracias por esta merced y por la parte que a ti te cabe, recibiendo de manos de sus ministros la gracia y el perdón de los pecados, y no seas escaso en comunicar los dones de Dios, guardándolos con avaricia para ti solo, sino aprende de su liberalidad a usarla con todos; mira cómo la de Cristo se es tendió a todo el universo, y a los presentes y futuros en todos los siglos; y no se limite la tuya a ningunos, sino extiéndela a todos a imitación del Salvador.
PUNTO III. Pondera aquellas palabras de Cristo: bautizadlos y enseñadlos a guardar todo lo que os mandé a vosotros; porque lo primero es necesaria la fe que se recibe en el bautismo, y lo segundo que se acompañe con obras, guardando los mandamientos de Dios: saca de aquí grande estima de la fe de Dios, sin la cual ninguno puede salvarse, y toma las palabras del Salvador como dichas a ti, y procura enseñar a todos el camino del cielo, sin perdonar diligencia ni trabajo por encaminarlos a él.
PUNTO IV. Pondera aquellas últimas palabras del Redentor: y yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo. Considera cuán grande merced es esta y el amor de donde nace; mira a tu Maestro siempre a tu lado, ayudándote y confortándote; dale mil gracias por este favor, y anímate con su presencia a emprender cualquiera empresa en su servicio, confiando en su gracia que te la dará para salir con victoria de todas las que emprendieres por su amor.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.