Lunes de la V semana de Pascua.
Continúa la enseñanza sobre la oración
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes de la V semana de Pascua.
Continúa la enseñanza sobre la oración. (Luc. 11.)
Persuade Cristo en el Evangelio a perseverar en la oración con el ejemplo del que pide prestado a su amigo, aunque sea a deshora, al cual concede lo que pide siquiera por la importunidad y perseverancia en el pedir, y con el ejemplo del hijo que pide a su padre el mantenimiento necesario, que por el amor que le tiene no se le sabe negar; y mucho menos (dice Cristo) negará Dios su espíritu bueno al que se le pidiere con afecto filial.
PUNTO PRIMERO. Considera la bondad y misericordia divina, que a todas horas y en todos tiempos y lugares tiene franca la puerta para la oración, y espera y oye a cualquiera que le pretende hablar y pedir, y despacha sus peticiones sin intervención de porteros o ministros, sino por su propia persona. Gózate de tener tal Señor y tan buen Dios, y dale gracias por esta gracia, y porque cosa tan importante y necesaria la ha hecho tan fácil; deja los señores de la tierra y acude al del cielo con tus peticiones y él cumplirá tus deseos.
PUNTO. II. Considera lo que dice Cristo en el Evangelio, de aquel amigo que negó la primera vez lo que le pedían, y por la importunidad del que perseveró pidiendo, lo concedió y se lo dio: en que nos enseña que tal vez Dios dilata lo que se le pide y responde con sequedad para probar nuestra fe y perseverancia, y si esta no nos falta, concede lo que pedimos. Saca de aquí propósitos firmes de perseverar en la oración aunque Dios te trate con sequedad y aunque te niegue lo que pides y aunque veas los efectos contrarios; porque la perseverancia alcanza las gracias del Señor, y si te rindes al trabajo y pierdes la confianza, no alcanzarás lo que pides; espera en el Señor y haz bondad y experimentarás su piedad.
PUNTO III. Considera las palabras que dice Cristo en su Evangelio; conviene a saber: pedid y os darán , buscad y hallareis; llamad y os abrirán; porque todos los que piden reciben, y los que buscan hallan, y a los que llaman abren. En que nos exhorta a pedir con la boca y buscar con diligencia, y llamar con las manos; porque la oración no hade ser sola con la boca, sino acompañada con diligencia, fervor y santas obras de penitencia y piedad, como lo enseñó nuestra Señora a santa Isabel, según lo afirma san Buenaventura; toma esta lección y considera si tu corazón va acompañado con estos compañeros, o si es sola de boca y no de corazón, y con fervor y santas obras; mira cuánto pierdes por tu tibieza, y pide a Dios su gracia para entrar en fervor y acompañar tus peticiones con ayunos, mortificaciones y santas obras.
PUNTO IV. Considera lo que dice Cristo que ningún hijo pidió a su padre pan que le diese en su lugar una piedra, o una serpiente, o un escorpión, sino siempre lo bueno y conveniente para su bien; y que mucho mejor dará el Padre celestial el espíritu bueno a los que le piden: en que has de ponderar dos cosas: la primera , el amor que Dios nos tiene como Padre, y cómo quiere que le pidamos con afecto de hijos; la segunda, que así como el Padre nunca da a su hijo lo que sabe que le estará mal, sino lo bueno y provechoso; de la misma manera Dios no da a sus hijos las cosas que le piden, si no les convienen para su bien, sino las útiles y provechosas, y el espíritu bueno y santo que los encamine al cielo; de lo cual has de sacar una grande confianza en el amor que Dios te tiene, y una indiferencia humilde en todo lo que pidieres dejándolo en sus manos, pidiéndole que corrija tus peticiones y te dé lo que fuere de mayor gloria suya, recibiendo con tanta igualdad de ánimo y agradecimiento el no como el sí, lo adverso como lo próspero, y la enfermedad como la salud, persuadido que es don que te viene de la mano del Señor, y como dice san Bernardo, no dejes tu oración, porque o te dará Dios lo que pides, o sí no te conviene te dará otra cosa mejor en su lugar, como le sucedió a san Pablo, el cual no alcanzó que Dios le quitase la tentación de la carne que padecía, aunque lo pidió con instancia; pero dióle nuestro Señor otra cosa mejor en su lugar, que fue la gracia para vencer la tentación y ser coronado por ella.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.