Sábado de la octava de Pentecostés.
De los siete dones del Espíritu Santo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Sábado de la octava de Pentecostés.
De los siete dones del Espíritu Santo.
La materia de la meditación de este día han de ser los siete dones del Espíritu Santo, de los cuales hace mención Isaías en el capítulo once de su profecía, y los contó por este orden: don de sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios, con los cuales nos arma para resistir a las tentaciones de Satanás y no caer en sus lazos. Por lo cual conviene meditar, lo primero la merced que nos hace el Divino Espíritu en infundirnos, como enseña santo Tomás, con las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, sus divinos dones, y fortalecernos con ellos para la guerra continua que traemos con los vicios. San Gregorio en sus Morales declara por menor contra cual vicio nos arma cada uno de estos dones, que serán los puntos de esta meditación. El primero es don de sabiduría, el cual conforme a san Gregorio, se opone y destierra la estulticia y la ignorancia de las cosas de Dios, la cual engendra tedio en el alma, y desengaña de su trato, comunicación y servicio; y el don de sabiduría engendra gusto y sabor de las cosas del cielo, y destierra el tedio que causa la ignorancia y estulticia; atiende si hay ésta en tu corazón, y cuando te acometiere clama al Espíritu Santo, y pídele que te fortalezca con el don de la sabiduría, y que destierre de ti el tedio de servir a Dios. El segundo es don de entendimiento, porque el Espíritu Santo ilustra el de los hombres contra las nieblas y dudas que levanta el demonio para oscurecer las verdades de nuestra fe; y así cuando ocurrieren estas, has de recurrir al Espíritu Santo, para que alumbre tu entendimiento, y te le dé para estar firme en las verdades de la fe, desterrando las tinieblas que levanta el mal espíritu para ofuscarlas. El tercero es donde ciencia: este mira a las cosas inferiores, y nos arma contra los engaños, olvidos e inadvertencias, haciéndonos cautos y advertidos, y no precipitados en las ocasiones que se ofrecen, para no faltar en el servicio de Dios. El cuarto es don de consejo, que nos arma contra la imprudencia, enseñándonos el medio que debemos guardar en las virtudes cardinales para no faltar en ellas, declinando a los extremos. El quinto es de fortaleza, que se opone a la flaqueza y pusilanimidad, dándonos ánimo para no rendirnos al enemigo y fortaleza para pelear hasta vencerle ¿y qué fuera de nosotros, si el Espíritu Santo alzara la mano, y nos dejara en nuestra mendiguez y flaqueza? Piensa esto, y cómo todo cuanto eres debes a su favor y protección, y pídele con humildad que te fortalezca con su gracia, y no te permita caer en la tentación. El sexto es don de piedad, el cual se opone a la dureza de corazón para con nuestros prójimos, y nos inclina a socorrerlos, ayudarlos y consolarlos en sus trabajos, que es don del Espíritu Santo. El séptimo y último es el del temor de Dios, el cual nos refrena y tiene a raya, para que no le ofendamos con osadía, soberbia y presunción. Medita despacio cada uno de estos dones; pondera la importancia de ellos, por lo que los necesitas, y qué será de ti, si te falta cualquiera de ellos; ve examinando tu conciencia, y reparando en el que te falta, o se ha menoscabado en tu alma, y pide al Divino Espíritu que se digne de renovarle en ti y consolarte, fortalecerte y asistirte con los dones de su gracia.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.