sábado, 30 de mayo de 2026

De la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo

 


FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

De la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

De la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

PUNTO PRIMERO. Considera la incomprensible majestad de Dios, que siendo uno en esencia es trino en las personas; sube con admiración al trono de su gloria a admirar su grandeza, venerar su poder, y estimar su santidad y la suma perfección de su deidad. Contempla aquel principio sin principio, y aquel ser de sí mismo sin depender de otro, y aquella omnipotencia inapeable: mírale adorado y venerado, temido, amado y obedecido de los serafines y querubines, y de todos los coros de los ángeles; y cúbrete el rostro como ellos en su acatamiento, confesando que no alcanzas su grandeza, ni puedes comprender su infinidad; póstrate a sus pies, venerándole, respetándole, amándole y temiéndole como ellos, y tiembla de su poder, y no ceses de alabarle, y disponerte para obedecerle como los ángeles del cielo.

 

PUNTO II. Considera cómo el Padre no procede de otro, y cómo el Hijo procede del Padre por vía del entendimiento, mirándose y entendiéndose, y sacando una imagen en todo semejante a sí mismo; y cómo el Espíritu Santo procede de ambos, amándose íntimamente, y siendo lazo y vínculo entre los dos. Contempla este soberano misterio, y pide al Señor te dé fe de cosa tan alta, y humíllate en su acatamiento, reconociendo tu cortedad y que no tienes capacidad ni virtud para conocer lo que es.

 

PUNTO III. Considera cómo siendo tres personas distintas son entre sí iguales, sin que haya en ellas primera ni postrera, mayor ni menor, ni diferencia de voluntades, sino unánimes y conformes, unidas y enlazadas con el vínculo de perpetua caridad. Alaba a Dios por tan inefable misterio y por tan inaccesible santidad, y procura imitar sus virtudes, teniendo caridad y paz con todos, huyendo la división de voluntades y las mayorías, excepciones o singularidades entre los demás.

 

PUNTO IV. Considera cómo aunque son en todo iguales las tres divinas Personas, con todo eso se atribuyen a cada una singulares prerrogativas y atributos; al Padre la omnipotencia y creación; al Hijo la sabiduría y redención; al Espíritu Santo el amor y la santificación. Levanta el corazón a la Santísima Trinidad; contempla sus perfecciones, los atributos, eminencias y propiedades de cada una de las tres Personas. Alaba al Señor por ellas; gózate de su soberana excelencia y perfección, y mira cuánto les debes; da gracias al Eterno Padre porque te crio y juntamente todas las cosas, para que le sirvieses; y al Hijo porque te redimió haciéndose hombre por ti; al Espíritu Santo porque te santificó, comunicándote abundantísimamente su gracia: pídeles perdón de tu desagradecimiento y su favor en adelante para reconocerlas, y servir las mercedes que recibes de su mano.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.