viernes, 2 de octubre de 2026

DÍA 3. LA SENCILLEZ DE MARÍA. MES DE OCTUBRE EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

 


DÍA 3

LA SENCILLEZ DE MARÍA

 

MES DE

OCTUBRE

EN HONOR DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN

DEL ROSARIO

 

Por la señal de la santa cruz…

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.

DÍA 3

LA SENCILLEZ DE MARÍA

Después de la Encarnación del Verbo Divino, María a nadie le cuenta del inefable misterio, ni siquiera a su castísimo esposo San José. Por esta causa, sabiendo que su prima Isabel había concebido al Bautista, corre a saludarla con la misma sencillez que caracterizaba todos sus actos.

Tu alma mía, cuando te ves elevada a alguna dignidad que te coloca sobre las personas que antes eran tus iguales, esperas que ellas vengan a felicitarte y a darte el parabién. Y hasta te muestras ofendida si no cumplen con estos deberes de cortesía. ¿Sabes tú las causas que les han impedido hacerlo y los motivos que han tenido para obrar así? Mas, aunque no hayan tenido alguno, tú debes considerarte la más indigna de todas las criaturas, a que todas te desprecien.

 

***

La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.

Avemaría (x3)

 

Oración Final

Reina del Santísimo Rosario,

esperanza de los cristianos,

Madre de Misericordia,

dulzura de mi vida.

A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.

Ayúdame, Señora, en mis trabajos;

defiéndeme en los peligros;

esfuérzame en los desmayos,

y haz que por el rezo y meditación de tu Rosario

merezca la gracia para esta vida

y después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.

***

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.