Jueves de la XIX semana después de Pentecostés
DE LAS BODAS Y CONVITE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Jueves de la XIX semana después de Pentecostés
DE LAS BODAS Y CONVITE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.
PUNTO PRIMERO. Meditarás hoy jueves en las bodas que Dios previno y en el convite que dispuso en la mesa del altar del Santísimo Sacramento; adonde, como dice san Juan Crisóstomo, extendió la merced que hizo a la naturaleza humana en la Encarnación, haciéndose hombre; adonde se desposó con ella, uniéndose hipostáticamente la divinidad con la humanidad; y en este divinísimo Sacramento extiende y multiplica esta merced, uniéndose sacramentalmente con todos los que le reciben con lazo estrecho de amor. Y así dijo el mismo Señor que los que le recibían quedaban en Él, y Él con ellos, con estrecho vínculo de amor.
Considera cómo Cristo te entrega su santísimo Cuerpo con inexplicable amor, y cómo debes entregarte tú a Él con recíproca correspondencia, sin dejar cosa alguna de ti para ti. Pondera la grandeza de esta merced, la cual no hizo a los ángeles, ni a los arcángeles, ni a criatura alguna, y te la hizo a ti por el amor que te tuvo. Mira qué gracias le debes dar y cómo le has de amar y servir, y pídele su gracia para cumplir en todo tu obligación.
PUNTO II. Considera el convite que dispuso para estas bodas, no de animales o aves, como antiguamente se ofrecían en la mesa del templo, ni de panes ázimos, cuales eran los de la proposición, sino de su propio Cuerpo y Sangre, ofrecidos en sacrificio por ti y dispuestos en forma de manjar para que tú le comieses, te regalases y dieses pasto a tu alma con inefable fruto y suavidad.
Pondera las trazas de su divino amor; contempla la excelencia de esta comida, la sustancia y dulzura de este manjar, las utilidades y provecho que causa. Mira con los ojos de la fe al mismo Señor, vivo y glorioso, que se da en él, entra en tu pecho y se une contigo, comunicándote su Sangre, y con ella la vida y la gracia, las fuerzas y la salud eterna, el entendimiento y la luz, y todo cuanto puedes desear.
Exclama con admiración, ponderando la grandeza de su amor y los ardides de su caridad para ganar almas y hacerles admirables mercedes, y a la tuya en particular; y no te canses de bendecirle y alabarle por ellas y por las que siempre te hace en esta mesa, dándote en un bocado más de lo que valen el cielo y la tierra y todo lo criado, ni cuanto se puede crear.
PUNTO III. Considera cómo, habiendo dispuesto este convite tan espléndido, llama a todos los convidados, que son los fieles, para que le gocen, con deseo de comunicarles este soberano bien; y considera la ingratitud de tantos como se excusan con los negocios seglares, anteponiendo las delicias del mundo y los intereses terrenos a las delicias y riquezas que comunica este divino manjar.
¡Oh ingratos y desconocidos a tan soberana merced, indignos de tal favor y dignos de tan grande castigo! Dadme, Señor, gracia para que yo sea de los pocos que merecieron vuestro convite, y no de los muchos que lo dejaron por los negocios del siglo.
Considera que eres el criado del Señor, a quien mandó llamar a los convidados; y sal por las plazas y calles, por los campos y montes, y no ceses de llamar a todos para que vengan a estas bodas y gocen de este banquete que ha dispuesto y preparado el Señor.
PUNTO IV. Considera la atención que el Rey del cielo tiene con los que se sientan a esta mesa, y cómo mira si traen ropas de bodas, que, como dijimos, son su gracia y caridad; y el castigo que dio a uno que entró sin ellas, mandándole atar de pies y manos y lanzarle en las tinieblas exteriores, pasando del convite inmediatamente al infierno.
Considera el gusto y la sazón con que lo gozaron los demás convidados, sin que les perturbase la desgracia del condenado; porque no defrauda en esta mesa el malo el fruto del bueno, y el que llega con debida disposición saca de ella grandísimo provecho, entrándole el manjar en beneficio; y el que no la lleva come, como dice san Pablo, con el manjar de la vida el juicio y la muerte eterna.
Saca de aquí un gran temor de llegarte a esta mesa con indebida disposición, y un vivo deseo de prepararte para ella como debes. Pide al Señor que purifique tu alma y la disponga, que la acrisole de las manchas que no conoces y te haga digno de recibirle, vistiéndote de las ropas de bodas con que le recibieron dignamente los escogidos.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.