martes, 13 de octubre de 2026

LA CAUTELA EN NO VOLVER A LA ENFERMEDAD DEL PECADO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


 Miércoles de la XX semana después de Pentecostés

DE LA CAUTELA EN NO VOLVER A LA ENFERMEDAD DEL PECADO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Miércoles de la XX semana después de Pentecostés

DE LA CAUTELA EN NO VOLVER A LA ENFERMEDAD DEL PECADO.

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el Evangelista, que vino Cristo a Cafarnaúm, que era la ciudad más espiritual y quieta en que habitaba y donde era mejor recibido; y en ella estaba enfermo el hijo del Régulo. Porque no hay ciudad tan sana y bien regida donde no haya enfermedades y riesgos de perder la salud; y lo mismo sucede en la del alma, que no hay religión tan santa ni compañía tan buena donde no haya faltas y nos podamos perder, si no hay mucha cautela y cuidado de no caer en pecados. El ángel pecó en el cielo, Adán en el paraíso, los de Israel en el desierto, sustentados con el maná del cielo, y Judas en el colegio apostólico, alimentado con la leche de la doctrina de Cristo. ¡Oh Señor, y cuánta es nuestra flaqueza! Tenedme de vuestra mano para que no me despeñe en vicios y pecados. ¿Qué será de mí si vos no me defendéis? Saca de aquí un gran temor de caer en los vicios y una cautela grande en tus acciones, y no asegurarte en ningún lugar, por bueno que sea, considerando que en todos puedes pecar.

 

PUNTO II. Considera que, como dice san Juan Crisóstomo, Cristo se vino de Caná, donde convirtió el agua en vino, a la ciudad de Cafarnaúm, porque no estimaron aquel milagro ni creyeron más que sus discípulos en él; y dejó por indignos de su doctrina y milagros a los que no se movieron por ellos. ¡Oh alma mía! Mira cuántos ha hecho por ti, y cuán duro ha sido tu corazón, pues no le das el crédito que debes, ni acabas de rendirte a su servicio. Teme no te deje y se ausente, y vaya, como el sol, a otro hemisferio a llevarles su luz, dejándote en las tinieblas de la noche. ¡Oh Señor! No miréis a mi incredulidad y a mi dureza, ni me dejéis en mis pecados. Dadme gracia para que yo estime vuestras maravillas y reciba vuestra doctrina, y me aproveche de ella como debo, para que merezca ser visitado y asistido de vos.

 

PUNTO III. Considera lo que pasó a este Régulo con Cristo, el cual, como advirtió Beda, al principio llegó con poca fe, no creyendo que podía sanar a su hijo si no iba a su casa; y luego la tuvo mayor, creyendo las palabras de Cristo cuando le dijo que su hijo vivía y era sano; últimamente, viendo el milagro, creció su fe de manera que creyó firmísimamente, y con él toda su casa. En esto has de aprender los progresos que logran en sus almas los que tratan con Dios, y cómo poco a poco los mueve con su familiaridad a la perfección. Saca de aquí una resolución firme de darte a la oración y al trato familiar con Dios, y no desmayes si no sintieres luego el aprovechamiento de tu alma; persevera en la oración y espera en el Señor, que Él te premiará y te dará viva fe y aprovechamiento en el espíritu, como se la dio a este Régulo el tiempo que trató con él.

 

PUNTO IV. Considera, últimamente, cómo Cristo le dio la vida, porque es Vida, y la da a los que le siguen: de gracia en esta vida y de gloria en la otra. Esta es la verdadera salud y la vida verdadera que has de buscar. Cristo te la ha de dar, que es la verdadera Vida. Abrázate con sus pies como santa María Magdalena, y di con la santa Esposa: «Tenerle he y no le dejaré hasta que me introduzca en la casa de mi padre y en la de mi madre que me engendró» (Cant. 3). ¡Oh Rey del cielo, salud y vida de las almas! Sedlo de la mía y dádmela de vuestra mano; y pues a todos sanáis, no me dejéis a mí enfermo. Dadme salud y vida en el alma, para que viva vida vuestra en esta vida por vuestra gracia, y en la futura de vuestra gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.