DÍA DÉCIMO TERCERO
FIRMÍSIMA ESPERANZA DE SANTA TERESA
MES DE OCTUBRE
CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE
SANTA TERESA DE JESÚS
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA DÉCIMO TERCERO
FIRMÍSIMA ESPERANZA DE SANTA TERESA
En la gran obra de la Reforma Carmelitana fue donde más demostró la gloriosa Teresa la firme esperanza que tenía en Dios Nuestro Señor, pues la emprendió sin confiar para nada en los favores y auxilios humanos, sino fiada única y exclusivamente en la palabra y ayuda del Señor, que se la había inspirado.
Ella no tenía bienes ni medio alguno para poner en práctica tan gigantesca obra, y sin embargo esto no la detuvo; antes, al contrario, poniendo toda su esperanza en Dios, acometió la empresa, esperando recibir de su divina bondad los medios necesarios para llevarla a cabo, como así efectivamente sucedió.
También probó Teresa su esperanza en la Regla que escribió y en las Constituciones que dio su Reforma, pues en ella prohíbe a las comunidades tener rentas y bienes, queriendo que sus hijos viviesen de la limosna esperando que el Señor les proveería del sustento necesario, como provee de él a los animales de la tierra, a las aves del espacio y a los peces del mar; pues tenía muy presente aquella sentencia del Espíritu Santo: «Poned en Dios todo pensamiento sobre vuestro alimento, y Él proveerá».
Otra muestra de su admirable esperanza la tenemos en las siguientes palabras, que ella escribió en su Vida (cap. 25):
«¡Oh quién diera voces para decir: Señor, ¡cuán fiel sois Vos para vuestros amigos! Todas las cosas faltan; mas Vos, Señor mío, no faltáis. Fálteme todo, Señor mío, que, si Vos no me desamparáis, no os faltaré yo a Vos. No me faltéis Vos, Señor, que ya yo tengo experiencia de las ganancias con que sacáis a quien en solo Vos confía».
Tanta era, por último, la esperanza que la Santa tenía en la bondad y misericordia divinas, que llegó a tener gran certeza de que iría a ver y gozar de Dios en la gloria, y por tanto la vida era para ella el mayor de los tormentos, porque la privaba de esa inmensa dicha que esperaba disfrutar.
Esta pena que tuvo siempre por vivir, la hizo componer la hermosísima glosa que empieza así: «Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero».
Pongamos, a imitación de Teresa, toda nuestra esperanza en Dios, y así jamás podremos ser confundidos.
OBSEQUIO
Hagamos hoy un fervorosísimo acto de esperanza en la misericordia de Dios.
MÁXIMA
Si nos parece que el Señor nos ha dado alguna virtud, entendamos que es un bien recibido y que nos la puede tornar a quitar, como a la verdad, ocurre muchas veces, y no sin gran providencia de Dios.
ORACIÓN
Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquella firmísima esperanza que siempre tuvisteis en la misericordia divina, afianzada en aquellas palabras de nuestro adorable Redentor: «Dichosos los que en Mí pongan toda su confianza, porque Yo les consolaré en el día de la tribulación», suplicoos, Santa mía, me alcancéis del Señor esta virtud tan necesaria en la vida, para que en mí se cumpla también esa consoladora promesa. Amén.
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Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
ORACIÓN PARA TERMINAR
Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.
Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)
Ave María Purísima, sin pecado concebida.