sábado, 24 de octubre de 2026

DÍA 2. LA PENA DE SENTIDO EN GENERAL. NOVENA EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

 


DÍA SEGUNDO

MEDITACIÓN

LA PENA DE SENTIDO EN GENERAL

NOVENA

EN SUFRAGIO DE

LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

Tomada del devocionario Áncora de Salvación,

compilado y publicado por el Padre José Mach, SJ, en 1860.

 

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, a quien amo y quisiera haber siempre amado sobre todas las cosas; me pesa, sí, una y mil veces me pesa de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, bondad infinita. Pésame también porque merecí las terribles penas del Purgatorio, y ¡ay!, tal vez las eternas llamas del Infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, ayudado de vuestra divina gracia. ¡Oh, tenga yo, Jesús mío, la dicha de confesarme bien, enmendar la vida y perseverar hasta la muerte! Os lo pido por esas benditas Ánimas, por vuestra Sangre preciosísima y por los dolores de vuestra afligidísima Madre. Amén.

 

DÍA SEGUNDO

MEDITACIÓN

LA PENA DE SENTIDO EN GENERAL

 

PUNTO PRIMERO. Ven, mortal, tú que vives como si después de esta vida no te quedase nada que temer ni que esperar; ven, penetra con el espíritu en aquellos horrendos calabozos donde la Justicia divina acrisola las almas de los que mueren con algún pecado venial; mira si, fuera del Infierno, pueden darse penas mayores, ni aun semejantes a las que allí se padecen.

Considera todos cuantos dolores han sufrido los enfermos en todos los hospitales y lugares del mundo: aquellos dolores de cabeza y de vientre tan agudos; aquellos tan rabiosos de costado y de muelas; aquellas convulsiones y contorsiones espantosas de los miembros; aquellas llagas y postemas insoportables; aquellos dolores y males de corazón tan vivos que han acabado con la vida de tantas personas. ¿Igualarían todos estos males reunidos a los dolores que padece un alma en el Purgatorio?

«No —dice San Agustín—, pues estos exceden a todo cuanto se puede sentir, ver o imaginar en este mundo».

Añadid a todos estos males los suplicios y tormentos que la crueldad de los Nerones, Dioclecianos, Decios y demás perseguidores de la Iglesia inventaron contra los cristianos. Aquellas tenazas y garfios de hierro con que les despedazaban las carnes; aquellas parrillas con que los asaban vivos; aquellas catastas y ecúleos con que les descoyuntaban los miembros; aquellas ruedas de navajas y puntas de hierro; aquellas prensas y máquinas con que los martirizaban: ¿no igualaría todo este horrible aparato de dolores y tormentos acerbísimos al Purgatorio?

«Tampoco —dice San Anselmo—, pues la menor pena de aquel lugar de expiación es más terrible que el mayor tormento que se pueda imaginar en este mundo».

Pues ¿qué penas serán aquellas? ¡Ah! «Son tales —dice San Cirilo de Jerusalén— que cualquiera de aquellas almas querría más ser atormentada hasta el día del Juicio con cuantos dolores y penas han padecido los hombres desde Adán hasta la hora presente, que no estar un solo día en el Purgatorio sufriendo lo que allí se padece».

Así, todos los tormentos y penas que se han sufrido en este mundo, comparados con los que sufre un alma en el Purgatorio, pueden tenerse por consuelo y alivio. Solátia erunt. ¡Ah! ¿Quién no tiembla?

Medita un poco sobre lo dicho.

 

PUNTO SEGUNDO. ¿Y quiénes son esas Ánimas tan horriblemente atormentadas en el Purgatorio? ¡Ay! ¡Qué motivo tan grande para hacernos temblar! Son obra maestra de la mano del Omnipotente y vivas imágenes de su divinidad; son amigas, hijas y esposas amadísimas del Señor; ¡y, no obstante, son tan severamente castigadas!

Dios las amó desde la eternidad, las redimió con la sangre de sus venas y ahora las ama con un amor infinito, puesto que están en su gracia y amistad divina; ¡y, no obstante, sufren penas imponderables!

¡Ay, Purgatorio! ¡Purgatorio! ¡Cuán claramente nos manifiestas la justicia y santidad de Dios! ¡Qué horror debes inspirarnos al pecado!

Pues si con tanto rigor trata Dios a sus estimadísimas esposas por faltas ligeras, ¿cómo serás tratado tú, pecador, que vives abandonado al arbitrio de las pasiones? «Si en el árbol verde hacen esto, en el seco ¿qué harán?».

Si el hijo y heredero del Cielo es así castigado por faltas que a muchos parecerán virtudes, ¿cómo serás castigado tú, pecador y enemigo de Dios, por vicios y pecados tan horrendos y abominables? Piénsalo bien y enmienda tu vida.

Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las Ánimas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta Novena.

 

EJEMPLO

Refiere Tomás de Cantimprato que a un hombre muy virtuoso, pero que, a causa de una larga y terrible enfermedad, estaba muy deseoso de morir, se le apareció el ángel del Señor y le dijo:

—Dios ha aceptado tus deseos; escoge, pues: o pasar tres días en el Purgatorio y después ir al Cielo, o ir al Cielo sin pasar por el Purgatorio, pero sufriendo todavía un año de esa enfermedad.

Eligió lo primero: murió y fue al Purgatorio. No había pasado aún un día cuando el Ángel se le presentó de nuevo. Apenas le hubo visto, aquella pobre alma exclamó:

—No es posible que tú seas el ángel bueno, pues me has engañado así. Me decías que solo estaría tres días en este lugar, ¡y hace ya tantos años que estoy sufriendo aquí las más horribles penas!

—Tú eres quien te engañas —contestó el ángel—; todavía no ha pasado un día. Tu cuerpo está aún por enterrar. Si prefieres sufrir un año más esta enfermedad, Dios te permite aún salir del Purgatorio y volver al mundo.

—Sí, ángel santo —replicó—; no solo esta enfermedad durante un año, sino cuantas penas, dolores y males haya en el mundo sufriré gustoso antes que padecer una sola hora las penas del Purgatorio.

Volvió, pues, a la vida y sufrió con admirable alegría un año más de aquella enfermedad, publicando a todos lo terribles que son las penas del Purgatorio.

 

 

 

 

ORACIÓN A JESÚS

PRESO POR NUESTRO AMOR

¡Oh Padre celestial! No me espanta ver a vuestras amabilísimas esposas presas y tan severamente castigadas en el Purgatorio. Las infelices os ofendieron un día, ¡oh divina Majestad!, y pisotearon vuestra ley santísima.

Lo que me pasma es ver entregado por el traidor Judas y preso como un facineroso por hombres viles e inhumanos a Jesús, centro de vuestras complacencias infinitas. ¡Ah! Le veo con una soga al cuello, tirado por tierra, atadas sus manos, cargado de oprobios y de cadenas.

Mas, por otra parte, ¡oh dichosas cadenas!, ellas son mi esperanza y serán el consuelo y alivio de las benditas Ánimas del Purgatorio.

Sí, Padre de clemencia, usad con ellas y conmigo de misericordia. Y, pues Jesús se deja prender para darnos libertad, aceptad las ignominias, injurias y golpes cruelísimos que padece por nuestro amor. Aceptadlos en remisión de nuestras culpas y en sufragio de nuestros hermanos difuntos; dadles la libertad que con ansia esperan, para alabaros eternamente en el Cielo. Amén.

 

OBSEQUIO: Asistir mañana y todos los días que se pueda al santo sacrificio de la Misa en sufragio de las almas del Purgatorio.

 

 

RESPONSO POR NUESTROS DIFUNTOS

V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia mis pasos.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

 

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Padre nuestro… (se recita en silencio)

 

V. Libra, Señor, su (sus) alma (almas)

R. De las penas del infierno.

V. Descanse (-n) en paz.

R. Amén.

V. Señor, escucha nuestra oración.

R. Y llegue a ti nuestro clamor.

 

Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, especialmente por las almas de nuestros familiares, amigos y bienhechores (pueden nombrarse por su nombre  propio), para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

V. Dales, Señor, el descanso eterno.

R. Y brille para ellos luz perpetua.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

V. Por la misericordia de Dios y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María las almas de los fieles difuntos descansen en paz.

R. Amén.