Viernes de la XXI semana después de Pentecostés
DE LAS OCHO BIENAVENTURANZAS QUE PREDICÓ CRISTO.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Viernes de la XXI semana después de Pentecostés
DE LAS OCHO BIENAVENTURANZAS QUE PREDICÓ CRISTO.
(Mateo 5.)
PUNTO PRIMERO. Mira a tu celestial Maestro sentado en el monte, cercado de sus discípulos, en medio de una multitud de gente, predicándoles y enseñándoles el camino del cielo.
Entra en el auditorio y acércate cuanto pudieres al Señor, con reverencia y atención, para ser uno de los oyentes, oír y aprovecharte de su celestial doctrina. Pídele que te enseñe y te dé luz para aprenderla, y gracia para ejecutarla y merecer ser contado en el número de sus discípulos.
PUNTO II. Considera lo que dice el Evangelista: que, viendo Jesús la muchedumbre de gente que le seguía, subió al monte, abrió su boca y los enseñó.
Pondera el santo celo que ardía en su pecho por la salud de las almas, y cómo nunca perdía ocasión de predicar y aprovechar a todos.
Aprende, por una parte, el celo que has de tener por la salvación de tus prójimos, procurándola por todos los medios, sin perder ocasión de aprovecharlos; y, por otra, dale gracias por la merced que nos hace, y pídele que te enseñe y encamine por el camino del cielo, y que te comunique una centella de aquel fuego sagrado para procurar el bien de todos, y en especial el de tu alma.
PUNTO III. Considera cómo Cristo escogió la cima de un monte para enseñar su doctrina, así para declarar con esto su perfección como para enseñar que doctrina tan levantada y celestial no se podía predicar ni aprender sino en el monte, levantado de la tierra y vecino al cielo.
Saca de aquí la estima que debes tener de la palabra de Dios; que, como dice David, vence en valor al oro, al topacio y a las piedras más preciosas y de mayor estimación.
Saca también la disposición que has de tener para que arraigue en ti esta semilla del cielo, avecindándote a él con el corazón y el espíritu, y dejando todas las aficiones terrenas.
¡Oh Señor!, dadme gracia para que yo lo deje todo y os siga a lo alto del monte por la mortificación, y me aproveche de vuestra santa doctrina, como tengo obligación.
PUNTO IV. Considera lo que dice el Evangelista: que para predicar se sentó Cristo, y se acercaron a él sus discípulos.
Acércate a Dios con ellos, si quieres ser su discípulo y lograr su doctrina.
Pondera que se sentó Cristo para predicar, porque tomó de asiento el bien de las almas, no de paso ni de prisa, sino de asiento y despacio; en lo cual nos dio lección de tomar también nosotros con sosiego el aprovechamiento de nuestras almas y el de nuestros prójimos.
Atiende y mira qué de prisa has tomado hasta ahora este negocio, y cuán trocadas has traído las manos, tomando muy de asiento los negocios del siglo y las ganancias de la tierra, y muy de corrida, y como por cumplimiento, los negocios del cielo.
Llora tu engaño, y pide a Dios perdón y gracia para enmendarte; para tratar del aprovechamiento de tu alma muy de asiento, y del de las almas de tus prójimos; y tomar las cosas de la tierra solamente de paso y como de camino, cuando conduzcan para alcanzar las del cielo.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.