miércoles, 28 de octubre de 2026

29. GLORIOSO TRÁNSITO A LOS CIELOS DE SANTA TERESA. MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

  


DÍA VIGÉSIMO NOVENO

GLORIOSO TRÁNSITO A LOS CIELOS

DE SANTA TERESA

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA VIGÉSIMO NOVENO

GLORIOSO TRÁNSITO A LOS CIELOS

DE SANTA TERESA

Fatigada Santa Teresa por sus achaques, edad y trabajos, en el año 1582 quiso retirarse a su amado monasterio de San José de Ávila desde el de Burgos, donde a la sazón se hallaba; mas, cuando se disponía a marchar, recibió orden del P. Provincial para que fuese a Alba de Tormes, con el fin de complacer a la Duquesa de Alba, que deseaba mucho tener en su villa a la Santa Madre.

Obedeció con gusto Teresa, y llegó allí el día de San Mateo, 21 de septiembre, a las seis de la tarde. Recibiéronla sus hijas y la Duquesa con gran reverencia y devoción, besando su mano y pidiéndole su bendición.

Como la Santa se hallaba tan cansada, pues hacía dos días que tenía calentura, se acostó en seguida diciendo a sus hijas:

«¡Oh, válgame Dios, hijas, y qué cansada me siento! Más ha de veinte años que no me he acostado tan temprano como ahora; bendito sea Dios, que he caído mala entre ellas».

Al siguiente día, con gran trabajo pudo levantarse, y así estuvo, acostándose y levantándose, ocho días, hasta que el día de San Miguel, 29 de septiembre, sintiéndose tan mal, se quedó en cama para no levantarse ya más.

Tres días después se confesó con el Provincial, que había ido a Alba, y el día 3 de octubre recibió el Santo Viático con gran fervor, dirigiendo luego a sus monjas las siguientes palabras:

«Hijas mías y señoras mías, perdónenme el mal ejemplo que les he dado, y no aprendan de mí, que he sido la mayor pecadora del mundo y la que más mal ha guardado la Regla y Constituciones. Pídoles por amor de Dios, mis hijas, que las guarden con mucha perfección y obedezcan a sus superiores».

Después de recibir la Extremaunción, el P. Provincial se acercó a la cama de la Santa Madre y la preguntó si quería que la enterrasen en Alba o que llevasen su cuerpo a Ávila, en el caso de que Dios la llevase de aquella enfermedad.

La Santa, mostrando gran sentimiento y humildad, respondió: «¿Tengo yo de tener cosa propia? ¿Aquí no me darán un poco de tierra?»

El día 4, fiesta de San Francisco de Asís, a las nueve de la noche, expiró abrazada a un Crucifijo. Muchas religiosas vieron en ese momento a Nuestro Señor, a la Santísima Virgen y a San José a la cabecera de su cama que la ayudaban a bien morir.

Su alma, en forma de paloma, fue vista salir de su boca por todas las personas allí presentes. Contaba la Santa sesenta y siete años, seis meses y siete días de edad y cuarenta y siete de profesión en la Orden del Carmelo, de ellos veinte en la Observancia de su Reforma.

 

OBSEQUIO

En memoria del glorioso tránsito de Santa Teresa, rezaremos tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patris.

 

MÁXIMA

Acuérdese que no tiene más que un alma, ni ha de morir más de una vez, ni tiene más de una vida breve, ni hay más de una gloria, y ésta eterna, y dará de mano a muchas cosas.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquella felicísima hora en que vuestra purísima alma, rompiendo las cadenas que la sujetaban a vuestro santo cuerpo, salió triunfante de este mundo, acompañada de Jesús, María y José, para remontarse al Cielo, os suplico me alcancéis del Señor una muerte santa, a fin de que mi alma pueda ir a gozar con Vos de la eterna bienaventuranza. Amén.

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.