martes, 27 de octubre de 2026

DÍA 5. EL REMORDIMIENTO DE UN ÁNIMA EN EL PURGATORIO. NOVENA EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

 


DÍA QUINTO

MEDITACIÓN

EL REMORDIMIENTO DE UN ÁNIMA EN EL PURGATORIO

NOVENA

EN SUFRAGIO DE

LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

Tomada del devocionario Áncora de Salvación,

compilado y publicado por el Padre José Mach, SJ, en 1860.

 

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, a quien amo y quisiera haber siempre amado sobre todas las cosas; me pesa, sí, una y mil veces me pesa de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, bondad infinita. Pésame también porque merecí las terribles penas del Purgatorio, y ¡ay!, tal vez las eternas llamas del Infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, ayudado de vuestra divina gracia. ¡Oh, tenga yo, Jesús mío, la dicha de confesarme bien, enmendar la vida y perseverar hasta la muerte! Os lo pido por esas benditas Ánimas, por vuestra Sangre preciosísima y por los dolores de vuestra afligidísima Madre. Amén.

 

DÍA QUINTO

MEDITACIÓN SOBRE EL REMORDIMIENTO

DE UN ÁNIMA EN EL PURGATORIO

 

Figúrate, cristiano que esto meditas, a un alma que haya llevado en este mundo una vida enteramente semejante a la tuya; que haya vivido tibia, sin mortificación y distraída en los ejercicios de piedad, como tú, sin tener horror más que al pecado mortal y al Infierno.

Supongamos, no obstante, que haya tenido la dicha —no sabes si tú la tendrás— de hacer una buena confesión, morir en gracia e ir al Purgatorio.

¿Qué pensará en aquel horrible fuego, entre penas y tormentos tan espantosos? ¡Ay! Dos pensamientos la afligirán sobremanera.

 

PRIMER PENSAMIENTO. «Pude librarme de estas penas y no quise. ¡Sí, yo misma he encendido estas llamas! ¡Yo soy la causa de estas penas atrocísimas! Dios no hace más que ejecutar la sentencia que yo, en el mundo, pronuncié contra mí misma.

¡Qué medios no me había proporcionado para ahorrarme estos tormentos! Caricias, amenazas, beneficios: todo lo había agotado. Gracias singularísimas de inspiraciones, buenos ejemplos, libros piadosos, padres vigilantes, celosos confesores, maestros y predicadores fervorosos, remordimientos continuos: todo lo había empleado.

Mas ¡qué locura tan grande la mía! Por no privarme de un frívolo pasatiempo; por ir a bailes, por divertirme o jugar con tal compañía; por no abstenerme de una mirada, de un vil gusto, de una vana complacencia; por hablar de los defectos del prójimo, me sujeté voluntariamente a tantas penas y tormentos.

Me lo decían todos los años, me lo predicaban y repetían; ¡mas yo no hacía caso!

¡Dichoso San Pablo, primer ermitaño! ¡Dichosas Gertrudis, Escolástica y tantos otros santos que, habiendo satisfecho a la Justicia divina en el mundo, subisteis al Cielo sin pasar por el Purgatorio! ¡Yo podía hacer lo que vosotros, pero no quise!

¡Oh locuras mundanas, oh conversaciones frívolas, oh pasatiempos, oh vanidad! ¡Qué caro me costáis ahora!

¡Oh amarga memoria! Estoy sufriendo penas y tormentos acerbísimos, ¡y yo los he querido! ¡Podía evitarlos fácilmente y no quise!».

Medita un poco sobre lo dicho.

 

SEGUNDO PENSAMIENTO QUE AFLIGE AL ALMA TIBIA. Este segundo pensamiento aflige, oh cristiano, al alma tibia que vivió enteramente como tú vives:

«Yo querría librarme ahora del Purgatorio y no puedo.

¡Oh, si pudiera volver ahora al mundo! —dirá cada una de aquellas Ánimas—. ¡Con qué gusto me sepultaría en los desiertos con los Hilariones y Arsenios! Haría penitencias más espantosas que las de un Ignacio en la cueva de Manresa, que las de un Simeón Estilita y de un San Pedro de Alcántara. Pasaría noches enteras en oración, como los Antonios, Basilios y Jerónimos. Me arrojaría en estanques helados y me revolcaría entre espinas, como los Benitos y los Franciscos. ¡Haría…!

¡Ah, pobres e infelices almas! No era necesario nada de esto. Con mucho menos podíais apagar esas abrasadoras llamas, sin hacer más que lo que hacíais cada día, pero haciéndolo con perfección, habríais evitado estos tormentos.

Sí, los mismos sacramentos, pero recibidos con mejores disposiciones; las mismas misas, pero oídas con más recogimiento y atención; las mismas devociones, pero practicadas con más fervor; las mismas mortificaciones, ayunos y obras de misericordia, pero hechos con menos ostentación y únicamente por agradar a Dios: todo ello no solo os habría librado de aquellas penas, sino que también os habría asegurado a vosotras y a muchas otras almas la posesión del Reino de los Cielos.

Ahora no os canséis: vuestros deseos son inútiles; ya no es tiempo de merecer. Ya ha llegado para vosotras aquella noche anunciada por San Juan, en la que nadie puede hacer obra alguna meritoria.

Ahora es necesario sufrir, y sufrir penas inexplicables, y sufrirlas sin mérito alguno. ¡Y yo lo he querido! ¡Pude facilísimamente evitar estos tormentos y no quise! ¡Quisiera poder evitarlos ahora y no puedo!

¡Dichoso cristiano que oyes esto! Tú tienes tiempo todavía; no ha llegado aún para ti aquella noche tenebrosa. ¿Y perderás días tan preciosos? ¿No tomarás la seria resolución de confesarte bien y de enmendar tu vida?».

Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las Ánimas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta Novena.

 

EJEMPLO

Estaba Santa Brígida en altísima contemplación cuando fue llevada en espíritu al Purgatorio. Allí vio, entre otras, a una noble doncella y oyó que se quejaba amargamente de su madre por el demasiado amor que le había tenido.

—¡Ah! —decía—. En vez de reprenderme y sujetarme, ella me proporcionaba modas y novios; me incitaba a ir a bailes, saraos y teatros, y hasta me engalanaba ella misma. Es verdad que me enseñaba algunas devociones, pero ¿qué gusto podían dar estas a Dios, yendo mezcladas con tanto galanteo y profanidad?

No obstante, como la misericordia del Señor es tan grande, por aquellas pocas devociones que hacía, Dios me concedió tiempo para confesarme bien y librarme del Infierno.

Pero ¡ay!, ¡qué penas estoy padeciendo! Si lo supieran mis amigas, ¡qué vida tan distinta llevarían!

La cabeza, que antes ataviaba con dijes y vanidades, está ahora ardiendo entre llamas vivísimas; las espaldas y los brazos, que llevaba descubiertos, los tengo ahora cubiertos y apretados con hierros de fuego ardentísimo; las piernas y los pies, que adornaba para el baile, son ahora atormentados horriblemente. Todo mi cuerpo, en otro tiempo tan pulido y ajustado, se halla ahora sumergido en toda clase de tormentos.

Contó la Santa esta visión a una prima de la difunta, muy entregada también a la vanidad. Esta cambió de vida hasta el punto de entrar en un convento de muy rigurosa observancia, donde procuró, con rigidísimas penitencias, reparar los desórdenes pasados y auxiliar a su parienta, que tanto padecía en el Purgatorio.

 

ORACIÓN A JESÚS AZOTADO EN LA COLUMNA

¡Oh Jesús amabilísimo! ¡Vos, desnudo y azotado por mí! ¡Vos, inocencia y santidad infinitas, despedazado por mi amor con innumerables azotes!

¡Ay! ¡Qué extraño es que se paguen caros en el Purgatorio los gustos del pecado, si así pagáis Vos en vuestro purísimo cuerpo las sensualidades del mío!

¡Ay, infeliz de mí! Yo soy quien he pecado; yo merecía ese castigo tan humillante y riguroso. Y, no obstante, lejos de mortificar mis apetitos y de castigar con penitencias una carne impura, no busco sino delicias y regalos.

Mas no será así en adelante, dulcísimo Jesús. Caiga sobre mi corazón una gota de esa Sangre preciosa y, arrepentido, abrazaré la mortificación y quedaré todo encendido en vuestro santo amor.

Y Vos, Padre celestial, ya que vuestro Hijo santísimo satisfizo sobreabundantemente a vuestra divina Justicia, perdonad mis culpas y usad de clemencia con las benditas Ánimas del Purgatorio. Aceptad en sufragio de ellas todo cuanto yo sufriere en este día; aceptad la cruel flagelación de Jesús y los dolores de su Madre Santísima. Amén.

 

OBSEQUIO: Mañana, en sufragio de las benditas almas del Purgatorio, no comer fuera de las horas acostumbradas o hacer alguna mortificación corporal.

 

RESPONSO POR NUESTROS DIFUNTOS

V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia mis pasos.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

 

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Padre nuestro… (se recita en silencio)

 

V. Libra, Señor, su (sus) alma (almas)

R. De las penas del infierno.

V. Descanse (-n) en paz.

R. Amén.

V. Señor, escucha nuestra oración.

R. Y llegue a ti nuestro clamor.

 

Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, especialmente por las almas de nuestros familiares, amigos y bienhechores (pueden nombrarse por su nombre  propio), para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

V. Dales, Señor, el descanso eterno.

R. Y brille para ellos luz perpetua.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

V. Por la misericordia de Dios y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María las almas de los fieles difuntos descansen en paz.

R. Amén.