martes, 27 de octubre de 2026

DEL REINO DE LOS CIELOS QUE PROMETE DIOS A LOS POBRES DE ESPÍRITU. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Miércoles de la XXII semana después de Pentecostés

DEL REINO DE LOS CIELOS QUE PROMETE DIOS A LOS POBRES DE ESPÍRITU.

 

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Miércoles de la XXII semana después de Pentecostés

DEL REINO DE LOS CIELOS QUE PROMETE DIOS A LOS POBRES DE ESPÍRITU.

 

PUNTO PRIMERO. «Bienaventurados —dice Cristo— los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.»

Pondera lo primero que no dice que será, o se les dará, sino que es desde luego; porque desde luego los enriquece de dones y riquezas espirituales, con que empiezan a gozar de una felicísima bienaventuranza en la tierra.

Y cuando no tuvieran otra más que sacudir de sí la carga de la hacienda y de los cuidados de ella, el trabajo de adquirirla y la solicitud de conservarla, era una gran bienaventuranza.

Considera lo que padecen los ricos y de la carga y afanes que están libres los pobres; y luego los deleites espirituales que les comunica Dios en sus almas, al paso que dejan los temporales, y hallarás una felicidad y tranquilidad del cielo.

Llora la ceguedad de los mortales que tienen por felices a los ricos y por infelices a los pobres, y con la codicia de lo temporal no sienten la carga de su alma; y pide a Dios que te dé gracia para dejar todo lo terreno y gozar de su bienaventuranza en la tierra, principio de la del cielo.

 

PUNTO II. Considera que también son desde luego bienaventurados y empiezan a poseer el reino del cielo, porque reinan a sus pasiones y son superiores a sus apetitos, sin sujetarse a ellos.

A los ricos llamó David (1) varones de las riquezas, porque son esclavos suyos, y más ellos de las riquezas que las riquezas suyas, pues las obedecen y sirven en todo, y por ellas afanan y sudan sin tener un día de descanso.

¡Oh miserable esclavitud por lo que otros han de gozar!

Pero los pobres de espíritu, que voluntariamente las renuncian y no se sujetan a estas codicias y avaricias, viven y reinan sin esta sujeción, y tienen el ánimo libre para volar a Dios.

Vuelve los ojos a ti mismo y considera cuánto tiempo has vivido en esta miserable esclavitud; llora tus yerros pasados y sacude el yugo pesado de todo lo temporal de tu cerviz; y ruega a Dios que te dé un espíritu libre para poderle servir y reinar a todos tus apetitos.

(1) Psalm. 75.

 

PUNTO III. Considera que no hay dos glorias, ni alguno puede gozar dos reinos, acá y allá; y que, si quieres gozar el del cielo, has de renunciar forzosamente las riquezas y honras de la tierra.

Y que por eso dijo Cristo que era de los pobres, y no de los ricos, el reino de los cielos; porque estos tienen acá su consolación, y aquellos no.

Carga, pues, el peso de la consideración en ponderar la diferencia que hay de uno a otro, y qué locura es dejar el eterno por el temporal y el verdadero por el falso; y resuélvete firmemente a renunciar el mundo por adquirir y gozar de Dios.

 

PUNTO IV. Pon los ojos en Cristo nuestro Redentor, que fue la norma y el ejemplo de los fieles, y su vida el camino de la vida; y considera cuán de corazón abrazó la pobreza y despreció las riquezas desde el pesebre hasta la cruz, el reino que poseyó en esta vida y el que goza en la otra.

Repasa en tu memoria la dicha de los santos que le siguieron, pisando y despreciando lo que el mundo adora; y anímate con su ejemplo a seguir sus pisadas y a despreciar el mundo y sus riquezas, y gozarás aquí una paz y tranquilidad celestial y después el reino de los cielos.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.