DÍA
29
MARÍA,
REINA Y SEÑORA
MES DE
OCTUBRE
EN HONOR DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
DEL ROSARIO
Por
la señal de la santa cruz…
ORACIÓN
INICIAL
Soberana
Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los
afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu
fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo,
nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor
piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser
durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen
María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan
jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin
de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.
DÍA
29
MARÍA,
REINA Y SEÑORA
María
sufrió más que todas las otras criaturas y con mayor resignación y amor a Dios
que ninguna de ellas. Por este motivo se asemejó a su Divino Hijo más que todos
los otros seres racionales.
Jesucristo,
con su sangre, compró al mundo, quedando de él Supremo Dueño y Señor. Pues esta
misma potestad debía darle, en cierto modo, a María, y una vez realizada su
gloriosa Asunción, la Santísima Trinidad la corona por Reina y Señora de todo
lo creado.
¡Qué
dicha tan grande, alma mía, ser vasallo de tan gran Reina, que es a la vez
nuestra madre! Esta dicha la tienes tú. ¿Qué te podrán hacer ya tus enemigos,
militando bajo la bandera de tu gran Señora, si procuras cumplir siempre sus
inspiraciones?
***
La
Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la
muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.
Avemaría (x3)
Oración
Final
Reina
del Santísimo Rosario,
esperanza
de los cristianos,
Madre
de Misericordia,
dulzura
de mi vida.
A
ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.
Ayúdame,
Señora, en mis trabajos;
defiéndeme
en los peligros;
esfuérzame
en los desmayos,
y
haz que por el rezo y meditación de tu Rosario
merezca
la gracia para esta vida
y
después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.
***
Nuestra
Señora del Rosario, ruega por nosotros.
Ave
María Purísima, sin pecado concebida.