DÍA NOVENO
EL AGRADECIMIENTO DE LAS BENDITAS ÁNIMAS PARA CON SUS DEVOTOS
NOVENA
EN SUFRAGIO DE
LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO
Tomada del devocionario Áncora de Salvación,
compilado y publicado por el Padre José Mach, SJ, en 1860.
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, a quien amo y quisiera haber siempre amado sobre todas las cosas; me pesa, sí, una y mil veces me pesa de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, bondad infinita. Pésame también porque merecí las terribles penas del Purgatorio, y ¡ay!, tal vez las eternas llamas del Infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, ayudado de vuestra divina gracia. ¡Oh, tenga yo, Jesús mío, la dicha de confesarme bien, enmendar la vida y perseverar hasta la muerte! Os lo pido por esas benditas Ánimas, por vuestra Sangre preciosísima y por los dolores de vuestra afligidísima Madre. Amén.
DÍA NOVENO
MEDITACIÓN
EL AGRADECIMIENTO DE LAS BENDITAS ÁNIMAS PARA CON SUS DEVOTOS
PUNTO PRIMERO. Ved aquí el día feliz: hoy, con las numerosas comuniones y sufragios que los fieles han ofrecido al Señor, no solo en esta, sino en tantas otras iglesias, muchas de aquellas almas, ayer tan afligidas y desgraciadas, han pasado a ser dichosos habitantes y príncipes felicísimos de la corte celestial.
Ya ven cara a cara la hermosura y majestad infinitas; ya poseen a Dios, que contiene en sí cuanto hay de amable, grande, delicioso y perfecto. Su entendimiento ya no puede experimentar ni más alegría, ni más suavidad, ni más dicha.
¡Ay! ¡Si pudieses, amado cristiano, penetrar hoy en aquella dichosa patria y contemplar el arrobamiento de aquellos bienaventurados! ¡Qué enhorabuenas, qué abrazos tan amorosos se dan! ¡Qué cánticos entonan en acción de gracias al Dios de las misericordias y a los generosos cristianos que las han sacado del Purgatorio!
¡Oh! ¡Cómo dan por bien empleadas las penas que en este mundo padecieron! ¡Oh! ¡Con cuánta alegría está diciendo cada una de ellas: «Dichosas confesiones y comuniones; dichosas las Misas que oía, las limosnas, oraciones, penitencias y obras buenas que practicaba; dichosas las burlas y escarnios que sufría por ser devota! ¡Y con qué magnificencia pagáis, Señor, hasta los sacrificios más pequeños e insignificantes que hice por vuestro amor!»!
¿No quisieras, cristiano, tener tú la misma suerte? Pues pelea contra las pasiones, que sin pelear no se alcanza victoria; sin pena, no hay felicidad.
Medita un poco sobre lo dicho.
PUNTO SEGUNDO. ¡Y qué dicha la tuya, cristiano, si has logrado librar del Purgatorio a alguna de aquellas almas! El Cielo debe a tus sufragios el nuevo regocijo y la nueva gloria accidental que ahora experimenta. Y aquellas almas dichosas te deben la libertad y, con ella, la posesión de una felicidad infinita.
¿Qué súplicas tan fervorosas no harán a Dios por ti? ¿En qué necesidad podrás encontrarte que no cuiden de socorrerte? ¿Qué empeño pondrán en conseguirte las gracias necesarias para vencer las tentaciones, adquirir las virtudes y triunfar de los vicios?
Y si alguna vez te vieres en peligro de pecar y de caer en el Infierno, ¡con cuánto más celo que el pueblo de Israel en favor de Jonatán dirán al Señor:
«¿Y permitiréis, oh gran Dios, que se pierda eternamente un cristiano que me ha librado a mí de tan horribles penas? ¿No prometisteis que alcanzarían misericordia los que usasen de misericordia con el prójimo? ¿Y consentiríais ahora que cayese en el Infierno aquel que con sus sufragios me abrió las puertas del Cielo?»!
¡Ah, dichoso cristiano! ¡Cuánto envidio tu dicha! Persevera, y tendrás segura la palma de la gloria.
Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las almas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta novena.
EJEMPLO
Cuenta Dionisio Cartujano, en su tratado de los Novísimos, que santa Gertrudis, aquella esposa tan regalada del Señor, había hecho donación de todos sus méritos y obras buenas a las pobres almas del Purgatorio. Y, para que los sufragios tuviesen más eficacia y fuesen más aceptos a Dios, suplicaba a su divino Esposo que le manifestase por qué alma quería que satisficiese.
Se lo otorgaba su Divina Majestad, y la Santa multiplicaba oraciones, ayunos, cilicios, disciplinas y otras penitencias hasta que aquella alma hubiese salido del Purgatorio. Sacada una, pedía al Señor que le señalara otra; y así logró librar a muchas de aquel horrible fuego.
Siendo ya la Santa de edad avanzada, le sobrevino una fuerte tentación del enemigo, que le decía:
—¡Infeliz de ti! ¡Todo lo has aplicado a las almas del Purgatorio y no has satisfecho todavía por tus pecados! Cuando mueras, ¡qué penas y tormentos te aguardan!
No dejaba de acongojarla este pensamiento cuando se le apareció Cristo Nuestro Señor y la consoló, diciendo:
—Gertrudis, hija mía muy amada, no temas: los sufragios que tú ofreciste a las almas del Purgatorio me fueron muy agradables. Tú no perdiste nada, pues, en recompensa, no solo te perdono las penas que allí habías de padecer, sino que aun aumentaré tu gloria en muchísimos grados. ¿No había prometido yo dar el ciento por uno, pagando a mis fieles servidores con medida buena, abundante y apretada? Pues mira: yo haré que todas las almas libertadas con tus oraciones y penitencias te salgan a recibir con muchos ángeles a la hora de la muerte, y que, acompañada de este numeroso y brillante cortejo de bienaventurados, entres en el triunfo de la gloria.
ORACIÓN A LAS BENDITAS ALMAS LIBERTADAS DEL PURGATORIO POR LOS SUFRAGIOS OFRECIDOS DURANTE EL NOVENARIO
¡Oh almas dichosas y felices, a quienes nuestro dulcísimo Jesús acaba de admitir hoy en su patria celestial! Os felicitamos y damos, en nombre de toda la Iglesia, mil enhorabuenas por esta dicha tan grande.
Unimos nuestra alegría con la vuestra y con la de los ángeles y serafines; juntamos nuestras acciones de gracias con los cánticos y alabanzas que vosotras entonáis al Creador por tan inestimable beneficio.
Sí, almas santas y dichosas, alegraos: ya se han acabado para vosotras las penas y tristezas, las aflicciones y trabajos, los peligros y tentaciones de esta miserable vida. Solo os queda una eternidad de descanso, alegría, delicias y bienaventuranza infinita.
¡Qué dicha también la nuestra si, con estos sufragios, os hemos acelerado la posesión de tanta gloria!
Sí, triunfad en el Cielo; pero no hagáis como hizo aquel ingrato copero del faraón con José: no olvidéis a vuestros pobres hermanos, que militamos aún en este valle de lágrimas. Echad una mirada compasiva sobre nosotros; ¡mirad de cuántos y cuán fieros enemigos nos vemos rodeados!
Ahora que sois tan poderosas delante de Dios, interceded por nosotros, para que, siendo fieles y constantes en su servicio, podamos en vuestra compañía alabarle y glorificarle un día eternamente. Amén.
OBSEQUIO: Formar una firme resolución de ofrecer todas nuestras obras satisfactorias en sufragio de las pobrecitas almas.
RESPONSO POR NUESTROS DIFUNTOS
V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia mis pasos.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V. Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna.
R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Padre nuestro… (se recita en silencio)
V. Libra, Señor, su (sus) alma (almas)
R. De las penas del infierno.
V. Descanse (-n) en paz.
R. Amén.
V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.
Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, especialmente por las almas de nuestros familiares, amigos y bienhechores (pueden nombrarse por su nombre propio), para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para ellos luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Amén.
V. Por la misericordia de Dios y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María las almas de los fieles difuntos descansen en paz.
R. Amén.