sábado, 25 de julio de 2026

6 de julio. LA PRECIOSÍSIMA SANGRE Y LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS. MES A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

 


26 de julio

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

Y LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

 

MES

A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE JESÚS

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal…

 

ORACIÓN INCIAL

Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.

 

26 de julio

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

Y LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

 

Incluso en tiempos de enfermedad, y especialmente en los últimos momentos de nuestra vida, la Sangre de Jesús nos ofrece la salvación. La agonía de Jesús en Getsemaní nos da una imagen de ese momento supremo en que nuestra alma se separará de nuestro cuerpo: dolores para el cuerpo y el alma, las últimas y decisivas tentaciones.

La agonía de Jesús fue también una dura lucha, tanto que rogó a su Padre que apartara de él aquella copa llena de amargura. Aunque era Dios, no dejó de ser hombre ni de sufrir como tal.

Para nosotros será más difícil, porque al dolor se sumará el temor al juicio de Dios. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos en esos momentos? La encontraremos en la Sangre de Jesús, nuestra única defensa en la prueba final.

El sacerdote orará por nosotros y nos ungirá con el Óleo de la salvación, para que el poder del diablo no prevalezca sobre nuestra debilidad y los ángeles nos lleven a los brazos del Padre.

Para obtener el perdón y la salvación para nosotros, el sacerdote no apelará a nuestros méritos, sino a los méritos obtenidos por la Sangre de Jesús, ofreciéndonos el perdón de nuestros pecados.

¡Cuánta alegría, incluso en medio del dolor, al pensar que, gracias a esa Sangre, las puertas del cielo también pueden abrirse para nosotros!

 

PRÁCTICA
Piensa a menudo en la muerte y ora para que se te conceda la gracia de una muerte santa.

 

EJEMPLO

En la vida de San Francisco de Borja, leemos este terrible suceso. El santo asistía a un moribundo y, postrado en el suelo junto a la cama con un crucifijo, exhortó fervientemente al pobre pecador a no desperdiciar la muerte de Jesús. De repente, del crucifijo comenzó a gotear sangre viva de sus heridas. Un milagro querido por Dios para invitar al pecador obstinado a pedir perdón por todos sus pecados. Todo fue en vano. Entonces el Crucificado apartó una mano de la cruz y, tras llenarla con su sangre, la acercó a aquel pecador; pero, una vez más, la obstinación del hombre superó la misericordia del Señor. Aquel hombre murió con el corazón endurecido por sus pecados, rechazando incluso el don supremo que Jesús le había ofrecido con su sangre para salvarlo del infierno.

 

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).

Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:

 

LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO

Santa Ana, madre de la Madre de Dios. — 26 de julio

 


Santa Ana, madre de la Madre de Dios. — 26 de julio

 

Santa Ana, dichosa madre de nuestra Señora la Virgen santísima, fue natural de Belén e hija de Matan y de Emerenciana, y esposa del glorioso Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Eran los santos esposos Joaquín y Ana de la tribu de Judá y del real linaje de David; y ejercitábanse continuamente en la guarda de la ley de Dios. Dícese que dividían la renta que cada año cobraban de su hacienda, en tres partes, de las cuales la una gastaban en su casa y familia, la otra en el templo y sus ministros, y la tercera empleaban en socorrer las necesidades de los pobres. Vivían muy afligidos estos santos casados por haberlo sido veinte años sin tener fruto de bendición, por lo cual andaban como avergonzados y corridos, por considerarse entre los hebreos la esterilidad como nota de ignominia. Llevaba Ana en paciencia esta prueba de su acrisolada virtud, con gran rendimiento a la voluntad del Señor; mas no por eso dejaba de mirar con santa envidia a aquellas dichosas mujeres que algún día habían de tener afinidad y parentesco con el deseado Mesías. Y como se acordase de que la madre de Samuel, llamada también Ana, por haber clamado al Señor, alcanzó el hijo que deseaba, animada santa Ana con este ejemplo, suplicó con gran fervor al Señor se compadeciese de su sierva, prometiendo que si le hacía merced de concederle algún fruto, se lo consagraría luego y lo destinaría, al templo para su santo servicio. Oyó el Señor benignamente las súplicas humildes de Ana, y es piadosa creencia que le reveló que sería madre de una hija, a quien pondría por nombre María, la cual sería llena del Espíritu Santo, y más dichosa que Sara, Raquel, Judit y Ester; porque sería bendita entre todas las mujeres y la llamarían bienaventurada todas las generaciones. Esta fue la soberana recompensa con que el Señor glorificó a santa Ana y a su bienaventurado esposo san Joaquín, haciéndolos padres de la Madre de Dios hecho hombre. Después de haber criado con gran cuidado a la santísima niña, y llegado el tiempo de cumplir su voto, la llevaron al templo de Jerusalén, donde fue recibida con mucho gozo entre las otras vírgenes y santas viudas que allí moraban en unas habitaciones vecinas al templo, y se ocupaban en sus labores, oraciones y demás oficios ordenados al servicio de Dios. No pudieron Joaquín y Ana ausentarse de su hija tan querida, y se vinieron a vivir en Jerusalén en una casa que no estaba lejos del templo, gozando de la conversación de su hija hasta que el Señor los llevó para sí: muriendo san Joaquín a la edad de ochenta años, y Ana a los setenta y nueve.

Reflexión: Los gloriosos padres de la santísima Virgen fueron venerados en Oriente desde los primeros siglos de la Iglesia, y luego se extendió su devoción a los fieles del Occidente, los cuales levantaron en honra suya muchos templos y santuarios. Seamos pues devotos de santa Ana, que ella es la gloriosa abuela de Jesucristo Hijo de Dios y la madre de la Virgen Madre de Dios. Mucho desea y estima el divino nieto y la hija de santa Ana que la honremos por tan excelsa dignidad, y es bien loable la costumbre de algunas piadosas señoras que en el día de santa Ana visten alguna pobre doncella, y nunca salen sin recompensa las oraciones y obsequios que se hacen a la madre de la Tesorera de todas las gracias.

Oración: Oh Dios, que te dignaste otorgar a la bienaventurada santa Ana la gracia de que fuese madre de la Madre de tu unigénito Hijo; concédenos por tu bondad que los que celebramos su fiesta, merezcamos alcanzar su poderoso patrocinio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA: ¿PODÉIS BEBER EL CÁLIZ QUE YO HE DE BEBER?».

25 de julio
SANTIAGO APOSTOL, PATRONO DE ESPAÑA
Rito Romano1962


EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Mateo.

Mateo 20, 20-23

En aquel tiempo: Se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». ero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

TEXTOS DE LA MISA

COMENTARIO AL EVANGELIO