26 de julio
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
Y LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
26 de julio
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
Y LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
Incluso en tiempos de enfermedad, y especialmente en los últimos momentos de nuestra vida, la Sangre de Jesús nos ofrece la salvación. La agonía de Jesús en Getsemaní nos da una imagen de ese momento supremo en que nuestra alma se separará de nuestro cuerpo: dolores para el cuerpo y el alma, las últimas y decisivas tentaciones.
La agonía de Jesús fue también una dura lucha, tanto que rogó a su Padre que apartara de él aquella copa llena de amargura. Aunque era Dios, no dejó de ser hombre ni de sufrir como tal.
Para nosotros será más difícil, porque al dolor se sumará el temor al juicio de Dios. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos en esos momentos? La encontraremos en la Sangre de Jesús, nuestra única defensa en la prueba final.
El sacerdote orará por nosotros y nos ungirá con el Óleo de la salvación, para que el poder del diablo no prevalezca sobre nuestra debilidad y los ángeles nos lleven a los brazos del Padre.
Para obtener el perdón y la salvación para nosotros, el sacerdote no apelará a nuestros méritos, sino a los méritos obtenidos por la Sangre de Jesús, ofreciéndonos el perdón de nuestros pecados.
¡Cuánta alegría, incluso en medio del dolor, al pensar que, gracias a esa Sangre, las puertas del cielo también pueden abrirse para nosotros!
PRÁCTICA
Piensa
a menudo en la muerte y ora para que se te conceda la gracia de una muerte
santa.
EJEMPLO
En la vida de San Francisco de Borja, leemos este terrible suceso. El santo asistía a un moribundo y, postrado en el suelo junto a la cama con un crucifijo, exhortó fervientemente al pobre pecador a no desperdiciar la muerte de Jesús. De repente, del crucifijo comenzó a gotear sangre viva de sus heridas. Un milagro querido por Dios para invitar al pecador obstinado a pedir perdón por todos sus pecados. Todo fue en vano. Entonces el Crucificado apartó una mano de la cruz y, tras llenarla con su sangre, la acercó a aquel pecador; pero, una vez más, la obstinación del hombre superó la misericordia del Señor. Aquel hombre murió con el corazón endurecido por sus pecados, rechazando incluso el don supremo que Jesús le había ofrecido con su sangre para salvarlo del infierno.
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:
