viernes, 5 de junio de 2026

6 de julio. LLAMA A UN SACERDOTE. MES DE JULIO EN HONOR A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


6 de julio

LLAMA A UN SACERDOTE

 

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

6 de julio

LLAMA A UN SACERDOTE

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

 

El doctor Recamier, famoso médico de París y excelente cristiano refiere el siguiente caso: Visitaba a un enfermo, a mi juicio irrevocablemente condenado a muerte.

Una mañana, cuando le visité, me asustó su aspecto. Le tomé el pulso, le ausculté. Creí que no iba a durar más que unas horas... Animé a su mujer y a su madre, diciéndoles que lo encomendasen a Dios. Ofrecí hacerlo yo también... Vuelvo por la tarde, sin aviso alguno, y lo encuentro con vida.

Lo mismo al día siguiente. Los pulmones no funcionan, la hipertrofia le obstruye todo el pecho, la respiración es imposible y su vida me parece un milagro. Lleva en el cuello una medalla y el Escapulario del Carmen. ¿Querrá sanarle la Virgen? Su mujer aprovecha la ocasión:

-"Mira, el doctor te lo va a decir. ¿No es verdad que los últimos sacramentos han sanado a muchos enfermos?"

-"Dejadme, gritó, dejadme todos, que me atormentáis y me asesináis".

El médico, por prudencia, hizo una señal para que callasen, y, acercándose al enfermo, le dijo:

-"Vamos, deme usted la mano y seamos buenos amigos. No diga ni una palabra más".

Cogió su mano y se despidió. Al salir dijo a la familia:

-"Tengan confianza; he visto el Escapulario en el pecho de Federico, recen a la Virgen y esperen".

A pesar de ser de noche se dirigió al Colegio del Sagrado Corazón y pidió oraciones por un moribundo, y luego a un sacerdote, para que rezase el rosario. El doctor Recamier lo rezó en casa con su familia y, al final, tres Avemarías por un moribundo. Al levantarse, se apoyó mal y rompió el cristal del reloj.

Se levantó a las seis de la mañana y fue a ver a su enfermo. La madre sale a la escalera a darle las gracias; la esposa le estrecha la mano, llena de gratitud.

-"Venga, doctor, venga, dijo el enfermo, ahora soy feliz.

Me he reconciliado con Dios; deme un abrazo".

El enfermo, sin decirle a nadie una palabra, había pedido un sacerdote y recibió tranquilo todos los sacramentos. Poco después, estando presente Racamier, moría sin la menor agonía.

Para distraer el dolor de la familia, preguntó el doctor:

-"¿A qué hora pidió Federico el sacerdote y los sacramentos?"

-"A las nueve y media".

Saca Recamier el reloj y lo encuentra parado a esa hora.

-"Miren, a las nueve y media precisamente acabamos de rezar el rosario y tres Avemarías por él, porque al levantarme fue cuando se paró el reloj.

La Virgen nos concedió lo que todos deseábamos: la salud de su alma".

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!