13 de julio
CONFÍA EN LA PROTECCIÓN DE MARÍA
MES DE JULIO
EN HONOR
A LA VIRGEN DEL CARMEN
Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:
3 Avemarías
CONFÍA EN LA PROTECCIÓN DE MARÍA
De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.
Un testigo
presencial refirió este hecho:
Al tercer día de
la batalla de Lenef, habiendo
recibido orden de recuperar el campo y visitar a los heridos,
ordenando que con las precauciones necesarias fuesen conducidos al
hospital de sangre más próximo, observé que entre ellos había un soldado a
quien se le veía por la guerrera entreabierta el Santo Escapulario pendiente
del cuello, el cual pedía con vivas ansias un sacerdote para confesarse.
Acerquéme a él y vi con estupor y asombro que, entre otras varias heridas graves, tenía un sablazo en la cabeza y que un balazo le había atravesado la frente, de tal modo que por los dos lados se le veían los sesos. Viéndole en tan deplorable estado, dije a los que me seguían:
-"Ved ahí un hombre muerto que es menester dejarle en el campo".
El desgraciado soldado, para quien no habían pasado desapercibidas mis palabras, suplicó encarecidamente le colocasen en el carro de los heridos y que le dejasen confesar con el primer sacerdote que encontraran al paso, y que después, si querían, le dejasen en el campo o en cualquier otro sitio.
Accedióse a tan justa cuanto piadosa petición, y, a poco de caminar, hallóse a punto un sacerdote, con quien confesó el moribundo, con gran presencia de espíritu, dando muestras de un sincero dolor y arrepentimiento. Después de haber tenido la dicha de recibir la absolución sacramental, levantó su mirada al cielo y exhaló el último aliento, mientras murmuraban sus labios el dulcísimo Nombre de María.
Humanamente hablando, parecía un imposible el que aquel soldado hubiese podido sobrevivir, después de la terrible herida que recibiera en la cabeza, y todos los circunstantes estuvieron acordes y conformes en que el haber continuado viviendo hasta el instante de recibir la absolución era debido, sin ningún género de dudas, a la singular y milagrosa protección que le dispensara María por medio de su bendito Escapulario de la Virgen del Carmen, que vestía.
Oración final para todos los días
Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
***
Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.
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Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
SALVE MARINERA
¡Salve!, Estrella de los mares,
de los mares iris,
de eterna ventura.
¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!
Madre del Divino Amor.
De tu pueblo, a los pesares
tu clemencia dé consuelo.
Fervoroso llegue al cielo
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares.
¡Salve!, Estrella de los mares.
Sí, fervoroso llegue al cielo,
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares,
Estrella de los mares,
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!