jueves, 9 de julio de 2026

10 de julio. LA SANGRE PRECIOSA FORTALECE LA ESPERANZA. MES A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

 


 

10 de julio.

LA SANGRE PRECIOSA

FORTALECE LA ESPERANZA

 

MES

A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE JESÚS

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal…

 

ORACIÓN INCIAL

Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.

 

10 de julio.

LA SANGRE PRECIOSA

FORTALECE LA ESPERANZA

 

«Mientras vivimos en este exilio, dice San Bernardo, nuestra alma es como un mar embravecido».

El recuerdo de los pecados pasados, el temor al severo juicio de Dios y nuestra propia debilidad nos atormentan y pueden llevarnos al desaliento.

Pero si pensamos a menudo y con gran amor en la divina Sangre que el Cordero Inmaculado ofrece a su Padre para obtener nuestra salvación, entonces sentiremos serenidad y consuelo. Por lo tanto, ofrezcamos esta Sangre al Padre eterno, recibámosla con frecuencia en los sacramentos, invoquémosla en los momentos difíciles, usémosla como escudo inexpugnable contra toda tentación y corramos velozmente por las sendas del Señor, fervientemente confiados en que Aquel que nos dio su Sangre también nos dará la fuerza para no caer y toda la ayuda necesaria para remediar nuestras faltas.

Entonces, aun reconociendo nuestras imperfecciones y aborreciendo el pecado, tendremos paz en nuestros corazones, viviremos con humildad y, gracias a la Sangre de Jesús, venceremos toda tentación y salvaremos nuestras almas.

 

PROPÓSITO

Recita el «Acto de Esperanza» con devoción: Dios mío, espero de tu bondad, de tus promesas y de los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador, la vida eterna y las gracias necesarias para merecerla mediante las buenas obras que debo y quiero hacer. Señor, que pueda gozar de tu presencia para siempre.

 

EJEMPLO

En el siglo XIII, un anciano monje llamado Santiago, hombre de gran humildad, vivía en el convento de Bevagna (Umbría). Sinceramente se consideraba el más desdichado de los hombres y a menudo caía en una gran angustia por el temor al infierno. Pasaba días y noches al pie de un gran crucifijo, el único adorno en su celda, temblando al pensar en sus pecados. Ese crucifijo era muy querido para él porque había sido un regalo de su madre. Un día, mientras yacía postrado en el suelo, agobiado por la angustia habitual de sus pecados, vio brotar un torrente de sangre del pecho traspasado de Jesús, cubriendo su rostro y sus manos, y oyó una voz que decía: «Santiago, que esta sangre sea para ti prenda segura de la vida eterna». En un instante, su angustia se desvaneció y una gran paz inundó su alma. Cuando murió, tras los numerosos milagros ocurridos en su tumba, su cuerpo fue colocado en un lugar más honorable. Fue hallado intacto, con las huellas dejadas por la sangre milagrosa aún visibles.

Como el beato Santiago de Bevagna, trabajamos por nuestra salvación con temor y temblor, pero también con gran confianza en el poder infinito de la sangre de Jesús.

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).

Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:

LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO