Lunes de la VI semana después de Pentecostés.
Del convite que hizo Cristo en el desierto
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la VI semana después de Pentecostés.
Del convite que hizo Cristo en el desierto.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo esperó Cristo tres días para socorrer la necesidad de los que le seguían; porque quiere que nosotros reconozcamos nuestra necesidad y la que tenemos de él para ayudarnos y socorrernos en ella: entra dentro de ti, reconoce tu flaqueza, y cuán poco puedes y vales por ti mismo, y cómo en todo y para todo necesitas del favor de Dios; ríndete a sus pies con humildad, y él te ayudará y favorecerá con su gracia para que puedas por ella lo que no puedes por ti.
PUNTO II. Considera que les hizo el convite en el desierto, adonde no tenían qué comer, ni de qué valerse en aquella necesidad, porque el Señor acude con su providencia a los que dejan los manjares y delicias del mundo, y en las más destituidas ocasiones, y cuando están imposibilitados de todo remedio humano, de lo cual has de sacar dos afectos: el uno de dejar todas las delicias del mundo por gozar las de Dios y hacerte digno de su mesa y convite, el cual no da a los que están consolados con sus regalos y delicias terrenas: el otro de confianza sabiendo que espera a la mayor necesidad y al trance más apretado para ostentar su providencia y hacer alarde de su liberalidad, acudiendo con sus dones cuando faltan los hombres.
PUNTO III. Considera la calidad del manjar de este convite, que fue pan de cebada y unos pocos de peces, atendiendo el Señor, no al regalo, sino a la necesidad, a lo preciso, y no a lo superfluo, para el sustento de los hombres ¡Oh qué lección te da de huir las superfluidades en la comida y el vestido, y en las alhajas y menaje y en todo lo demás! poco basta para sustentarte, toma del rio de este mundo lo preciso y necesario, y deja pasar lo demás; acuérdate que reprobó Dios a los soldados de Gedeon que se echaban de pechos a beber, y escogió a los que alargando la mano tomaban el agua necesaria y dejaban pasar la demás; porque reprueba para el cielo a los que se apechugan con los vientos de este mundo, echándose de pechos a ellos, y escoge para su reino a los que con moderación alargan la mano a lo necesario para la vida y dejan lo demás: pídele a Dios esta gracia para no dejar entregarse tu corazón a lo temporal, ni aceptar más que lo necesario para conseguir lo eterno.
PUNTO IV. Considera el gusto que hallaron aquellos convidados en aquel pan de cebada y la hartura; pues dice el Evangelista que comieron a pasto, hasta satisfacerse cumplidísimamente y no querer más, porque sabe Dios dar más gusto y dulzura y mayor satisfacción en los manjares de penitencia, que puede dar el mundo en todos sus regalos y manjares delicados; de lo cual has de sacar grande amor a la penitencia, al ayuno, a las asperezas y manjares groseros por amor de Cristo, aceptándolos con mucha voluntad y fiándote de él, que sabrá darte más gusto y más salud en ellos, que en todos los sabrosos y delicados del siglo ¡Oh Señor! dadme esta gracia, que todo el mundo me sea amargo por vos, y dulce la penitencia y la mortificación, y el pan de cebada que me viniere de vuestra mano.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones