miércoles, 1 de julio de 2026

DÍA 32. MISERICORDIA DEL CORAZÓN DE JESÚS CON LOS PECADORES.

 


DÍA TREINTA Y DOS

MISERICORDIA DEL CORAZÓN DE JESÚS

CON LOS PECADORES.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

 DÍA TREINTA Y DOS

(Año treinta y dos.)

MISERICORDIA DEL CORAZÓN DE JESÚS

CON LOS PECADORES.

 

Primer preludio. Ver al Padre del hijo pródigo.

Segundo. Decir con el pródigo: Padre, pequé contra ti.

Punto primero. Jesús espera a los peca­dores. — Segundo, Jesús los busca. — Tercero. Jesús los acoge.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Jesús espera a los pecadores. Según dice en el Apocalipsis, está el Señor a la puerta del alma esperando que le abra. ¿Puede darse mayor dignación que estar aguardando hasta que se le antoje al alma salir a franquearle la puerta? ¿No es el Señor de la casa que pudiera obligar a que le abrieran? Pudiera, sí; pero no quiere entrar por fuerza, sino que le entreguemos voluntariamente un corazón que le ha de servir de templo. Más glorioso es esto; pero para lograrlo tiene que pasar por la humillación de esperar a veces largos años. Tal es la rebeldía del corazón humano. Y aun así no se cansa. Pasan años, y Jesús esperando. ¿Qué hace en la Eucaristía? Está esperando. Día y noche está con el Corazón abierto, ofreciendo tesoros a quien los quiera tomar. Espera y espera, más en vano, porque nadie se presenta a tomarlos.

Dichosa tú, alma fiel, si en vez de hacerlo esperar, velas a su puerta, y estás acechando el feliz momento de la inspiración; pues hay momentos en los que sale un copioso raudal, del que sólo se aprovecha el alma prevenida. En el libro de la Sabiduría nos dice que se anticipa a los que le buscan muy de mañana, y se presenta a ellos antes que ellos a Él. Y añade que no les costará mucho hallarle, pues, si madrugan, le encontrarán a la puerta de su propio corazón con sólo que la abran.

Ve si le has hecho esperar mucho, y si es tiempo de darte a Dios por completo.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Jesús busca a los pecadores. No sólo espera a los que le cierran la puerta, sino que va en seguimiento de los que huyen de él, y los llama, y golpea bien fuerte a la puerta de su corazón. Para buscar al pecador ha bajado del Cielo a la tierra, y en los días de su vida mortal su constante ocupación era ir en busca de las ovejas descarriadas de la casa de Israel, y salvar a todos los que se habían extraviado y perdido.

¿Qué hace ahora en la Eucaristía? Como buen pastor, apacienta a sus ovejas con su misma real sustancia; y no sólo recibe a las que vienen, sino que llama y convida a las que rehúsan venir. Envía en su busca ángeles que les hablen al corazón, y sacerdotes que les hablen al oído; y ya con internas inspiraciones, ya con voces y clamores, las está siempre llamando.

¿No oyes tú la voz del Pastor divino? ¿No le oyes llamar a tus puertas? Muchas veces te inspira un sacrificio que podrías hacer y no haces, te pide más generosidad y confianza, más modestia, recogimiento y silencio. Te reprende la disipación de tu espíritu, el descuido en el bien obrar, la sensualidad y otras faltas de que tú misma conciencia te arguye. Oye su voz misericordiosa y no endurezcas tu corazón. ¡Oh Señor, no os canséis de mis dilaciones! No ceséis de llamarme; y si me hago sordo, llamad más fuerte hasta que me obliguéis a abrir, aunque sea menester herirme con el cayado.

 

PUNTO TERCERO.

 

Jesús acoge a los pecadores. Con los que se dejan prender en los lazos de su caridad y celo, despliega la generosidad más grande que se puede imaginar. He aquí lo que dice en el Apocalipsis: “Si alguno me abriere la puerta, entraré en él y cenaré con él, y él conmigo." (Apoc., III.) ¿Puede darse más cariñosa promesa? Después que le han hecho esperar tanto, parece que debía mostrarse algo frío y algo reservado en sus larguezas; mas no es así. Como si tratara con un amigo íntimo, de quien nunca hubiera recibido el menor disgusto, se pone a cenar con él. Su ternura con el pecador arrepentido la pinta al vivo en el recibimiento del hijo pródigo, a quien estrecha en sus brazos. ¡Oh castos y deliciosos abrazos de Jesús! ¡De qué favores te privas, alma mía, cuando cierras tus puertas a tan divino huésped! ¿Por qué te empeñas en huir del amable Pastor que te llama? ¿Qué temes? Échate en sus brazos, y dale el consuelo de volver a su rebaño. Oye sus amorosas voces: “¡Ábreme, hermana mía, amiga mía!”

Pero no basta que seas dócil a su voz. Aprende otra lección importante que te quiere dar. Aprende de Jesús a esperar, buscar y acoger a los pecadores, a tratar con dulzura a los que te hayan faltado, a ser benigno con tus inferiores, con la gente rústica y plebeya, con los que te inspiran repugnancia o desprecio por los vicios de que adolecen, por sus ingratitudes contigo o por otras causas.

Mira cómo obra el Señor contigo, y aprende a obrar así con tus hermanos.

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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