2 de julio
TESTIMONIO DE SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIERE
MES DE JULIO
EN HONOR
A LA VIRGEN DEL CARMEN
Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:
3 Avemarías
2 de julio
TESTIMONIO DE SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIERE
De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.
San Claudio de la Colombiere, S.J. fue devotísimo del Santo Escapulario. Decía: "Si todas las gracias que sobre vosotros derrama a manos llenas la Santísima Virgen no logran convertiros; si sois sordos a tantas voces y ciegos a tanta luz; si os obstináis en morir impenitentes... no lo dudéis: moriréis como réprobos.
Sí, hermanos míos, moriréis en las garras de la impenitencia final; pero en este caso ES IMPOSIBLE QUE PODÁIS MORIR VESTIDOS CON EL SANTO ESCAPULARIO. Porque si María Santísima no logra por vuestra criminal obstinación arrancaros del lodazal de vuestras culpas, Ella arbitrará algún medio para despojaros entonces de su santa librea.
Vosotros mismos, ¡oídlo bien!, vosotros mismos, con vuestras propias manos os arrancaréis el Santo Escapulario del Carmen antes de morir con él en las garras de la impenitencia.
Sucedió así a aquel desgraciado suicida que se arrojó desesperadamente al agua para morir ahogado. Llevaba al cuello el Santo Escapulario del Carmen y le era imposible sumergirse. En vano se esforzaba el infeliz en descender al profundo de las aguas; las mismas aguas le sostenían a flote contra su voluntad.
Admirado de aquel prodigio que tanto brillaba en medio de las negras sombras de la desesperación, se persuadió que el Santo Escapulario era el talismán divino que le cerraba la boca del infierno.
A pesar de lo cual el desdichado cerró los ojos a tanta luz y los oídos a aquella voz tan elocuente, y arrancó de su cuerpo el Santo Escapulario. Y haciendo luego, por cuarta o quinta vez, un esfuerzo para ahogarse, las mismas aguas que antes se habían cerrado para sostenerlo a flote, entonces se abrieron para tragárselo.
El suicida logró morir pecando; pero no pudo morir hasta que se despojó del Escapulario del Carmelo. "Santa librea de salvación, con la cual nadie puede morir sin morir en gracia".
Oración final para todos los días
Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
***
Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.
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Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
SALVE MARINERA
¡Salve!, Estrella de los mares,
de los mares iris,
de eterna ventura.
¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!
Madre del Divino Amor.
De tu pueblo, a los pesares
tu clemencia dé consuelo.
Fervoroso llegue al cielo
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares.
¡Salve!, Estrella de los mares.
Sí, fervoroso llegue al cielo,
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares,
Estrella de los mares,
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!