Miércoles de la VI semana después de Pentecostés.
De los santos sacramentos de la Iglesia, y en especial de la Sagrada Eucaristía
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Miércoles de la VI semana después de Pentecostés.
De los santos sacramentos de la Iglesia, y en especial de la Sagrada Eucaristía
PUNTO PRIMERO. Considera el misterio que se encierra en estos siete panes, que milagrosamente se multiplicaron en las manos de Cristo y fueron el sustento de todos los que le seguían, los cuales fueron símbolo de los siete sacramentos que instituyó en su Iglesia para utilidad, vida y remedio delos fieles; en ellos nos dio alimento para nuestras almas, medicina para nuestras enfermedades, alivio para nuestros trabajos y siete fuentes de gracia para nuestras necesidades: dale muchas gracias por ellos, y advierte cómo te aprovechas de estas celestiales medicinas, y qué aumentos sacas de ellas, y pide a Dios gracia para aprovecharte como debes de tan saludables remedios.
PUNTO II. Considera cómo Cristo no repartió por sí mismo el pan a los fieles, sino por mano de sus apóstoles, para que tuviesen parte en aquella obra de caridad, y los convidados cobrasen estimación de ellos y les agradeciesen el manjar que recibían de sus manos; y de la misma manera aunque Cristo instituyó los sacramentos, quiso que los recibiésemos por manos de sus sacerdotes, a quienes dejó las llaves y potestad de ellos, para que los respetásemos y venerásemos, reconociendo el inestimable beneficio que recibimos por su mano y lo que Dios los estima, pues les fía las llaves de sus tesoros, y la necesidad que tenemos de sus personas: pondera aquí la alteza de la dignidad sacerdotal, cobra nueva estima de los ministros de Dios, y mira el respeto y reverencia con que los debes tratar.
PUNTO III. Considera aquellas palabras de Salvador: si los dejare ayunos, fallecerán en el camino. Las cuales se verifican especialmente de la Eucaristía, que es el sacramento altísimo que Cristo instituyó para el sustento de las almas; y muchos, como dice san Pablo, descaecen y enferman por no llegarse a esta mesa del Salvador y comer de este pande los ángeles: pondera cuánto importa su frecuencia y el sustento que da al alma, y saca de aquí afectos de frecuentarle y recibirle muchas veces, para reforzar las fuerzas de tu espíritu y tenerlas, como Elías, para caminar con aliento hasta et monte Horeb de Dios, que es la celestial Jerusalén.
PUNTO IV. Considera cómo multiplicó Cristo aquellos panes milagrosamente para sustento de los que le seguían, y cómo se multiplica milagrosamente su presencia en muchas hostias, altares y lugares para sustento de las almas: pondera esta inaudita maravilla que obra todos los días en su Iglesia; contempla la intención y el amor con que la hace y el que a ti te muestra en ella, y admírate de tan soberana bondad y tan inaudita merced; dale infinitas gracias por ella, y pide a los ángeles y serafines y a todas las criaturas que se las den, y considera qué agradecimiento has de retornar al Señor por tan grande merced.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones