sábado, 11 de julio de 2026

De los falsos profetas

 


VII domingo después de Pentecostés.

De los falsos profetas

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

VII domingo después de Pentecostés.

De los falsos profetas. (Matth. 9.)

 

El sagrado Evangelio contiene una amonestación que hizo Cristo a sus discípulos, persuadiéndoles que se guardasen de los falsos profetas, que venían a ellos con pieles de ovejas y en la verdad eran lobos carniceros, a los cuales habían de reconocer por sus obras y no por sus palabras; porque no es digno de crédito ni del cielo el que solo confiesa a Dios con la boca, sino el que hace su voluntad y la pone por obra.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo primero, que Cristo nuestro Señor te encarga que atiendas y cuides de tu alma, y que sea este el primer desvelo de tu corazón, atalayar y mirar con quien tratas y con quien hablas, qué palabras te dicen, qué consejos te dan y qué doctrina te enseñan, no suceda que te engañen y caigas en errores por tu descuido: atiende también a los pensamientos que llaman a las puertas de tu corazón, porque aunque parezcan buenos al principio, suelen rematar en mal, y muchas veces el demonio se finge ángel de luz para engañar ¡Oh Señor! dadme prudencia y conocimiento de la verdad, y discreción para discernir entre lo bueno y lo malo, y gracia para que siempre vele y nunca me descuide en lo que tanto importa, como es mi alma y tu servicio.

 

PUNTO II. Considera lo que dice Cristo, que muchos vienen con piel de oveja y en lo interior son lobos carniceros; atiende y considera si tú eres de estos; mira si en lo exterior eres cristiano, y en lo interior pagano e infiel, y aún peor en las costumbres; mira si tienes nombre y profesión de religioso o eclesiástico, y en la vida eres peor que muchos seglares que viven mejor que tú, y la tuya no conviene con tu estado, ni lo interior con lo exterior ¡Oh pecador! qué cuenta darás a Dios, que sabe todas tus maldades, y juzgará rectísimamente, y mirará no a lo exterior como los hombres, sino a lo interior del alma y el espíritu en que consiste la verdadera virtud! Piensa esto despacio y pídele a Dios gracia para corregir tu vida, y vivir en lo interior y exterior en sus ojos y conforme a su santísima voluntad.

 

PUNTO III. Considera lo que dice el Salvador, que el hombre se conoce por las obras como el árbol por el fruto; mira cuáles han sido las tuyas todo el discurso de tu vida, y qué frutos hallará en ti el Señor de la viña, cuando venga a cogerlos de sus trabajos. Abre los ojos y mira tu pobreza en el acatamiento del Señor, y que en lugar de fruto de buenas obras has dado cardos y espinas de vicios y pecados; llora tu vida pasada y saca de aquí firmísimos propósitos de enmendarla, y de recuperar en lo porvenir lo que has perdido en lo pasado.

 

PUNTO IV. Considera lo que añade el Redentor, que no todos los que le llaman Señor y los que le alaban con la boca, entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad de su Padre celestial: pondera la importancia de entrar en el cielo, y qué desgracia seria si fueses excluido de él y no te permitieran entrar allá, y medita loque pide el Señor para merecer aquel reino, que es hacer en esta vida su voluntad; atiende cuál es la que te ha declarado que hagas según tu estado y profesión, y resuélvete a ejecutarla con todas las veras posibles sin tardanza, ofrécete al Señor para hacer en todo y por todo su santa voluntad, desnudándote de la tuya, sin tener otro querer o no querer más de lo que su Divina Majestad quiere o no quiere.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones