11 de julio.
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
INFLAMA LA CARIDAD
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
11 de julio.
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
INFLAMA LA CARIDAD
Para salvarnos, el Hijo de Dios descendió del esplendor de la gloria de la que gozaba en el cielo con el Padre y el Espíritu Santo, vino a la tierra y se hizo hombre como nosotros. Compartió nuestras alegrías y tristezas. No solo eso, sino que con su sangre nos redimió.
En el Evangelio afirma: «Yo doy mi vida para volver a tomarla. Nadie me la quita, sino que yo la doy por mi propia voluntad» (Juan 10,17-18).
Así pues, la vida de Jesús no fue arrebatada contra su voluntad, sino que la entregó libremente, por amor.
¿Cómo, ante esta certeza de fe, no sentir un gran amor por el Hijo de Dios que se hizo Hijo del Hombre y nuestro hermano?
¿Seremos más ingratos que los animales que sienten y demuestran gratitud hacia sus benefactores?
Si no nos conmueve un profundo amor por el Señor Jesús, es porque no reflexionamos lo suficiente sobre las muchas maravillas que su amor obró por nosotros, pagadas con su sacrificio.
Preguntémonos a menudo: ¿Por qué tanta sangre? ¿Por qué Jesús quiso sufrir tanto? La respuesta de la fe es sencilla y reconfortante: Jesús quiso sufrir y morir para liberarnos del poder de Satanás y darnos el paraíso.
Y aunque Jesús ya ascendió al cielo y está a la diestra del Padre, gozando de la alegría y la gloria que se ha merecido, nos ha dejado a la Iglesia el don inestimable de su sangre para que podamos beneficiarnos de ella y unirnos a él en el paraíso.
PROPÓSITO
Recita atentamente el Acto de Caridad: Dios mío, te amo con todo mi corazón sobre todas las cosas, porque eres bondad infinita y nuestra felicidad eterna; y por amor a ti, amo a mi prójimo como a mí mismo y perdono las ofensas que he recibido. Señor, que te ame siempre.
EJEMPLO
Cuando San Francisco Caracciolo estaba cerca de la muerte, tras confesarse con profunda humildad y recibir los últimos sacramentos, tomó el Crucifijo en sus manos y repitió: «Sangre de Jesús derramada por mí, tú eres mía; yo la quiero, Señor, dádmela, no me rehuséis lo que es mío». Y besando las santas llagas de Jesús, continuó: «Preciosísima Sangre de mi Jesús, eres mía, y por ti y solo por ti espero salvarme». Con estos sentimientos, serenamente expiró.
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos: