13 de julio
LA PRECIOSÍMA SANGRE DE LA CIRCUNCISIÓN
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
13 de julio
LA PRECIOSÍMA SANGRE DE LA CIRCUNCISIÓN
Jesús derramó las primeras gotas de su sangre ocho días después de su nacimiento, cuando, según la ley judía, fue circuncidado y recibió el nombre de Jesús, que significa Salvador. Tan solo unas gotas, ¡pero qué elocuentes y preciosas!
Jesús anhelaba derramar su sangre por nosotros y, por lo tanto, se sometió al rito impuesto por Dios a los hijos de Abraham como señal de la alianza.
Esa primera sangre derramada nos revela que Jesús deseaba unirse íntimamente a nosotros y establecer un pacto de amor para nuestra salvación eterna.
Esas primeras gotas de sangre fueron derramadas en obediencia a ese rito, sagrado para todos los judíos. Como enseña la Sagrada Escritura, el primer pecado cometido por el hombre en el paraíso terrenal fue un pecado de desobediencia; las primeras gotas de sangre fueron derramadas por Jesús en obediencia a la ley de Dios, para expiar el pecado de rebelión cometido por nuestros primeros padres.
¡Qué admirable reparación y qué lección para nosotros, que a menudo nos rebelamos contra Dios! Aprendamos a valorar la obediencia a Dios como condición indispensable para que los méritos de Jesús se apliquen a nuestras almas.
PROPÓSITO
Recitar las alabanzas de desagravio.
¾ Bendito sea Dios.
¾ Bendito sea su Santo Nombre.
¾ Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre.
¾ Bendito sea el Nombre de Jesús.
¾ Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
¾ Bendito sea su Preciosísima Sangre.
¾ Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
¾ Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
¾ Bendita sea la Incomparable Madre de Dios la Santísima Virgen María.
¾ Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
¾ Bendita sea su gloriosa Asunción.
¾ Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre.
¾ Bendito sea su Inmaculado Corazón.
¾ Bendito sea San José su casto esposo.
¾ Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén.
EJEMPLO
En éxtasis, Santa María Magdalena de Pazzis vio aparecer ante Dios a los santos patronos de Florencia, junto con muchos otros santos. Cada uno de ellos suplicó al Señor que perdonara los pecados de los florentinos, pero Dios pareció no escuchar sus oraciones. El Señor respondió a las súplicas de los ángeles guardianes con la misma negativa.
Luego vio a las almas buenas de la tierra presentarse ante Dios y unir a sus oraciones la ofrenda de la Preciosa Sangre derramada por Jesús por la humanidad. Al mismo tiempo, escuchó las palabras de Cristo resonar: «Pedid y se os dará». Solo entonces Dios se compadeció y concedió lo que las oraciones del cielo y la tierra por sí solas no podían obtener.
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:
LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO