16 de julio
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
EN LA CORONA DE ESPINAS
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
16 de julio
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
EN LA CORONA DE ESPINAS
Aquellos malvados verdugos que torturaron el cuerpo de Jesús no se dieron por satisfechos hasta agotar todos los medios para hacer que la Pasión del Señor fuera lo más dolorosa posible.
Jesús había dicho que era Rey y que había venido a este mundo para establecer su reino. «¡Qué blasfemia tan horrible!», gritaron. «No tenemos más rey que el César. Este falso rey debe ser castigado como se merece».
Entonces tejieron una corona de espinas afiladas y, entre blasfemias y burlas, se acercaron a Jesús y se la colocaron a la fuerza en la cabeza.
Más heridas, más dolor, más sangre, además de la ya derramada. Jesús es sacudido de pies a cabeza por la dolorosa agonía.
¡Mirad lo que nuestros pensamientos pecaminosos le han hecho ganar al Señor Jesús! Humillemos nuestro orgullo y purifiquemos nuestra mente de todo mal pensamiento. Y que sea motivo de alegría para nosotros poder compartir a veces sus humillaciones.
Renunciemos al mundo. Y así como Jesús fue odiado y ridiculizado por el mundo, aceptemos también nosotros las contradicciones, los malentendidos y el desprecio que el mundo nos inflige.
PROPÓSITO
Repite esta breve oración varias veces durante el día: «Señor, concédeme humildad de corazón y serenidad en las humillaciones».
EJEMPLO
San Camilo de Lellis, el gran apóstol de los enfermos, deseaba tener presente el recuerdo de la Pasión de Jesús y los sufrimientos de la Virgen María, para encontrar consuelo en su agonía final y afrontar el juicio de Dios con serenidad. Su deseo era que de las llagas de Jesús «debía manar mucha sangre, para que yo, viendo tal abundancia de sangre, tenga mayor esperanza en mi salud». Sin que él lo supiera, el pintor lo retrató a los pies del Crucifijo, poniendo en sus labios estas palabras: «Perdona, Señor, a tu siervo que has redimido con tu preciosísima Sangre». Cuando se vio retratado en el cuadro, Camilo quedó muy turbado, pero luego dijo: «Señor, ésta no fue mi intención, pero ya que así lo has querido, significa que debo guardar aún mayores esperanzas en tu misericordia para conmigo». Contemplando esa Sangre derramada por él en la cruz, fuente de todo consuelo, entregó su alma a Dios.
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos: