martes, 21 de julio de 2026

22 de julio. SALVA A UNA CASTA DONCELLA. MES A LA VIRGEN DEL CARMEN

 


22 de julio

SALVA A UNA CASTA DONCELLA

MES DE JULIO

EN HONOR

A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:

3 Avemarías

 

A continuación se lee el relato tomado de la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

 

22 de julio

SALVA A UNA CASTA DONCELLA

De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.

 

Don Alfonso Meneses, Prefecto de las Galeras de Nápoles, tenía a su servicio una doncella, llamada Lelia, hermosa, inteligente y honesta. Era muy devota de la Virgen del Carmen, vistiendo desde su niñez el Santo Escapulario.

Prendóse de ella, ciega y apasionadamente, un infeliz mancebo que la acompañó en una embarcación. Viendo el desalmado mancebo que se resistía trató de violentarla, más ella se defendió tan valerosamente que nada pudo conseguir.

Ebrio y ciego de furor, el licencioso mancebo, tomándola por la cintura, arrojóla al mar, cosa a la que Lelia no se resistió, por librarse de él, pues confiaba en el valeroso valimiento y en el auxilio presto y eficaz de la Virgen del Carmen.

No haría un cuarto de hora que estaba sumergida en las aguas, e invocando sin intermisión a la Santísima Virgen, cuando la Divina Providencia dispuso que pasara muy cerquita de ella una nave, e, inspirada por la Reina del Cielo, comenzó a dar voces diciendo:

-"¡Pedro Andrés Cenemón, socorredme!"

El primer pensamiento o la primera corazonada de Pedro fue el creer que algún conocido, desde alguna embarcación cercana, lo llamaba; más le engañó la vista, pues en cuanto alcanzaba el horizonte no pudo descubrir ser alguno. Volvió a repetir otra vez la misma plañidera voz igual exclamación, y al oído certificó la vista, pues vio sobre el agua a una mujer, y, arrojándose al punto al mar, libró de aquel peligro a la que María Santísima había querido salvar maravillosamente.

Ya en la nave, y luego que se hubo Lelia recobrado, comenzó a dar gracias a María, entre suspiros y lágrimas, sin que el patrón de la nave y los demás compañeros saliesen de su estupor, al ver que le había llamado por su propio nombre sin que jamás le hubiera conocido. Interrogada por éste respondió:

-"Has de saber, Pedro, que luego que caí al mar, me recogió en su manto una hermosísima Señora vestida de hábito del Carmen, la cual, cuando pasabas, me indicó te llamase por tal nombre, pues tú me sacarías del mar".

No le cabía el gozo en el corazón a Pedro Andrés, viéndose favorecido por la Madre de Dios para librar a su devota hija de semejante peligro.

Y dejando el rumbo que llevaba, encaminó la proa de su embarcación hacia Nápoles, a fin de dejar allí a su milagrosa huésped.

Llegados al puerto, desembarcó Lelia, la cual, sin detenerse un punto, corrió hasta el convento de los carmelitas, publicando a voces por las calles la misericordia que María Santísima había obrado con ella.

 

 

Oración final para todos los días

Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

***

Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.

***

Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

SALVE MARINERA

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris,

de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

 

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares.

¡Salve!, Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo,

y hasta Ti, y hasta Ti,

nuestro clamor.

 

¡Salve!, ¡salve!,

Estrella de los mares,

Estrella de los mares,

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!

¡Salve!