18 de julio
UN PATÍBULO "TRONO DE MARÍA"
MES DE JULIO
EN HONOR
A LA VIRGEN DEL CARMEN
Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en este ejercicio consagrado a vuestra devoción (pídase la gracia), si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo:
3 Avemarías
A continuación se lee el relato tomado de la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.
18 de julio
UN PATÍBULO "TRONO DE MARÍA"
De la obra “Prodigios del Escapulario” del P. Rafael María López-Melús.
El siguiente prodigio de nuestra Madre del Carmen con el reo, condenado a tres penas de muerte, Juan José Trespalacios, en 1936, es una página sublime de las misericordias y bondades maternales de nuestra dulce Madre para con sus hijos, los más miserables.
Lo refiere el P. Bernardo María de San José, carmelita descalzo, que fue quien le impuso el Santo Escapulario de Nuestra Madre del Carmen, en Colombia.
En la cárcel se convirtió en fervoroso cristiano y gran apóstol.
"El alma de Juan José, escribe el P. Bernardo, era un alma generosa; desalmado en su crimen, resignado en su prisión, firme ante la muerte. De recobrar su libertad había prometido erigir una cruz en la cumbre de un monte y vivir junto a ella como un perpetuo solitario.
Sobre su pecho estaba su Escapulario, al que besaba cada instante con fervor y una fe delirante. ¡Cuántos no repartió entre sus compañeros de infortunio, o envió, como el más preciado regalo, en sus cartas, a la otra parte de las rejas de su presidio!
¡Tres penas de muerte pesaban sobre él y no se alteró un momento la paz de su alma, después de haber hecho la renuncia de su vida por sus víctimas y bienhechores, y tras los enormes sacrificios y penitencias hechos en la prisión!
Al darle la noticia de su ejecución, la víspera del Sagrado Corazón de Jesús, (11-junio- 1953), contestó con esta fuerte explosión de júbilo indecible:
-"Gracias a Dios, me ha escuchado mi dulce Madre. Siempre había pedido fuera en viernes o sábado".
Llegó al lugar en que estaba preparado el pequeño instrumento que le había de librar de este mundo. Cuando se hubo sentado en la silla, pronunció, sonriendo, estas palabras:
-"¡Ya estoy en mi trono!"
Después, y una vez ajustado el instrumento de muerte, cerró los ojos, inclinó la cabeza con dulce paz, y el verdugo dio la vuelta al torniquete...
La Virgen del Carmen, mediante su bendito Escapulario, llevó a esta alma la luz y la paz, le concedió días de sincero arrepentimiento y de una penitencia increíble, que sirvió de edificación a todos los reclusos, recibiendo la muerte, lleno de paz y esperanza en el Señor.
Oración final para todos los días
Infinitas gracias os damos, soberana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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Querido hermano comparte este ejercicio con tus familiares y amigos para que muchos conozcan y amen a la Virgen.
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Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
SALVE MARINERA
¡Salve!, Estrella de los mares,
de los mares iris,
de eterna ventura.
¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!
Madre del Divino Amor.
De tu pueblo, a los pesares
tu clemencia dé consuelo.
Fervoroso llegue al cielo
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares.
¡Salve!, Estrella de los mares.
Sí, fervoroso llegue al cielo,
y hasta Ti, y hasta Ti,
nuestro clamor.
¡Salve!, ¡salve!,
Estrella de los mares,
Estrella de los mares,
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!