viernes, 17 de julio de 2026

18 de julio. LA PRECIOSÍSIMA SANGRE EN LA CRUCIFIXIÓN. MES A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

 


18 de julio.

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE EN LA CRUCIFIXIÓN

 

MES

A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE JESÚS

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal…

 

ORACIÓN INCIAL

Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.

18 de julio.

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE EN LA CRUCIFIXIÓN

 

Jesús llegó al Calvario tras un penoso camino, cargando el duro leño de la cruz sobre sus hombros. Lo despojaron de sus vestiduras para su gran humillación y dolor, y lo clavaron sin piedad a la cruz, desgarrándole las manos. Luego levantaron la cruz sobre el monte. Sin delicadeza alguna, sin compasión. Un sufrimiento más, sumado a los indecibles que llevaba desde el Huerto de los Olivos.

Clavado de pies y manos a la cruz,  las heridas se abren, la Sangre fluye y baña, para redimirla, esta tierra de pecado.

Allí, al pie de la cruz, está la Virgen Madre, atormentada por un sufrimiento demasiado grande, pero serena en su dolor. Llora en silencio. Llora también por mí y por ti. Ella sufre y ofrece su dolor, unido al de su Hijo, para que el Padre perdone nuestros pecados.

Allí, bajo esa cruz, también está Juan: no comprende del todo la razón de esa muerte, pero no se rebela. Sufre y adora. El sol se oscurece, y Jesús, en un mar de dolor, ofrece su Sangre al Padre eterno por nuestra salvación.

Postrémonos y adoremos tan gran misterio. Pidamos a Jesús que su Sangre descienda sobre nuestras cabezas, no para condenarnos, como sucedió con los judíos, sino para nuestra salvación.

 

PROPÓSITO

Leer el relato de la crucifixión de Jesús en uno de los Evangelios:

¾  Mateo 27

¾  Marcos 15

¾  Lucas 23

¾  Juan 19

 

EJEMPLO

La beata Cristina de Espoleto (1435-1458) meditaba un día sobre los dolores de Jesús. Sus pensamientos se dirigieron a las horribles heridas infligidas por los clavos en los pies del Señor, y se dijo a sí misma: «¡Oh, ingrata! ¡Mira cuánto sufre Jesús por ti y cuánta sangre derrama por amor a ti! ¿Y qué haces tú por amor a él y para pagarle tanta bondad?». Dicho esto, tomó un clavo grande y se lo clavó en el pie, feliz de poder devolverle a Jesús sangre por sangre.

Solo desde el amor a Dios en los que están inflamados los santos comprendemos esas “locuras” a lo divino que, a veces, han realizado. Dios espera de nosotros que, sin dañar nuestros cuerpos, podamos beneficiar nuestras almas con el ejercicio de la mortificación.

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).

Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:

 

LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO