Sábado de la VII semana después de Pentecostés.
De la creación y pecado de los ángeles.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Sábado de la VII semana después de Pentecostés.
De la creación y pecado de los ángeles.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo en criando los cielos, crio Dios a los ángeles en gracia, adorna dos de todas las virtudes naturales y sobrenatura les que les convenian para cortesanos de su gloria, y una parte de ellos envanecidos y soberbios por la merced que Dios les hizo, ingratos y desconocidos se volvieron contra él y le negaron la obediencia, y con ella el respeto y sujeción que le debían tener: pondera cuánto mejor les hubiera estado ser criados en menor grandeza, y tener menos de que poderse envanecer para no caer en pecado; y reconoce por merced del Señor que te niegue algunas cosas que le pides, y que no te dé tan aventajados talentos como a otros porque no sean causa de tu perdición. Saca también de aquí afectos de agradecimiento y humildad, abatiéndote más a los pies de tu Criador cuanto mayores mercedes te hiciere, y cuanto más te enriqueciere con su gracia.
PUNTO II. Considera la ocasión de su perdición que fue, según la más probable opinión, por no querer reconocer como superior suyo a Cristo, cuya encarnación y humanidad les reveló Dios; y Lucifer, como altivo y soberbio, viéndose tan agraciado, sabio y poderoso, la tuvo en menos y no le quiso reverenciar ni tener por superior; a quien siguieron, como dice san Juan en su Apocalipsis, la tercera parte de las estrellas del cielo: pondera cuán grande mal es la soberbia y despreciar a otros; y los bienes que por el contrario hay en la humildad, y el daño que hace un mal ejemplo, y más en los poderosos que resplandecen como estrellas en la república; y pídele a Dios que te libre de estos vicios y te dé su gracia para abrazar la humildad sin preferirte a alguno, sino antes sujetándote a todos.
PUNTO III. Considera cuánto dio en rostro a Dios este pecado, pues siendo de solo pensamiento y en criatura tan perfecta y tan amada suya, luego sin apelación lanzó del cielo a todos cuantos cayeron en él, arrojando sus sillas y lugares y como borrándolos del cielo, a donde como dice san Juan, no se hallaron más en adelante. Saca de aquí afectos de temor; lo uno de no caer en pecado, viendo que los ángeles cayeron; porque si los espíritus soberanos, prevenidos con tantas gracias, cayeron, ¿qué puedes fiar de ti, flaco, miserable y sin fuerzas y mal inclinado desde tu concepción? Lo segundo, temor del castigo de Dios; que si a ellos no perdonó, menos te perdonará a ti: y si por un mal pensamiento solo los lanzó del cielo al infierno, ¿qué puedes tú esperar por tantos malos pensamientos, obras y palabras? Teme y tiembla de la ira de Dios, y no te atrevas a ofenderle más.
PUNTO IV. Considera el rigor con que Dios los castigó, y la pena tan acerba y dilatada que les dio, porque de ángeles se trocaron en demonios; de las más bellas criaturas, más nobles y de mayor estimación, en las más feas y despreciadas del mundo; les privó de todas las gracias que les había dado y de todos los auxilios para obrar bien, y los dejó en suma pobreza, ignorancia, tinieblas y obstinación, sin dejarles esperanza de remedio para salir de su pecado, el cual ha tantos millares de años que le está castigando y perseverará sin fin: pondera cuán grande es la malicia de un pecado, pues tal ojeriza le tiene Dios, y con tal pena y tan dilatada le castiga, sin apiadarse jamás de él; conoce su malicia y cóbrale entrañable odio, y resuélvete a morir mil muertes antes que cometer un pecado mortal; mira otro sí la misericordia que ha usado contigo, pues no te ha lanzado en el infierno como a los ángeles, habiendo cometido tantos pecados, antes ha usado de piedad, esperándote a penitencia y dándote remedio para salir de ellos, y volver a su gracia y por ella al cielo ¡Oh Señor! ¿qué retorno os daré por tan señalada merced? Bendito seáis mil veces, que usasteis conmigo de la piedad que no usasteis con los ángeles pésame, Dios mío, de haberos ofendido, y propongo firmemente antes morir que pecar, y enmendar mi vida pasada y emplearme todo en vuestro servicio.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones