19 de julio.
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
EN LA HERIDA DEL COSTADO
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
19 de julio.
LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
EN LA HERIDA DEL COSTADO
Tras la muerte de Jesús en la cruz, uno de los soldados romanos del Calvario tomó una lanza y asestó un golpe despiadado y violento en el costado del Salvador: lo desgarró, abriendo el Corazón, y de esa herida, como nos asegura el apóstol y evangelista San Juan, presente al pie de la cruz, brotaron agua y Sangre, símbolo, según la interpretación de San Agustín, de los sacramentos que nos purifican y nutren espiritualmente.
Este Corazón abierto es el refugio al que tanto justos como pecadores están llamados a acogerse. En su Corazón, Jesús nos invita a escondernos para evitar el castigo que merecen nuestros pecados y para lavarlos. Aceptemos su invitación, refugiémonos en la herida de ese Corazón que tanto nos amó.
Jesús nos asegura: «Te ofrezco mi Corazón; solo necesitas darme una lágrima, un acto de contrición por haberme ofendido. No te pido mucho: solo un poco de amor a cambio del amor infinito que te he dado y te sigo dando».
¡Qué poco se necesita para obtener el perdón del Señor! Sin embargo, muchos niegan a su Dios incluso esto. Lo quieren todo, lo exigen todo, pero no saben darle nada a cambio a su Señor. Intentemos no ser contados entre los siervos miserables, sino entre aquellos que han amado generosamente al Señor.
PROPÓSITO
Recitar el Padrenuestro cinco veces en honor a las cinco llagas de Jesús.
EJEMPLO
La beata Hossana de Cáttaro (Catalina de Montenegro), un día con fiebre muy alta, comenzó a quejarse de su mala salud. Entonces Jesús se le apareció, herido y cubierto de sangre, y le dijo: «Hija mía, ¿por qué te lamentas tanto por esta pequeña aflicción tuya y no más bien por los grandes dolores que he sufrido por ti?». La beata quedó tan conmovida por esto que, a partir de ese momento, a quienes le expresaban compasión al verla sufrir tanto, les respondía: "¡Cuánto sufrió Jesús! ¿Cómo podemos lamentar nuestro propio dolor?".
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos: