martes, 21 de julio de 2026

De los juicios divinos y humanos.

 


Miércoles de la VIII semana después de Pentecostés.

De los juicios divinos y humanos.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la VIII semana después de Pentecostés.

De los juicios divinos y humanos.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice Cristo, que nos prevengamos para cuando salgamos de esta vida: cum defeceritis. Contempla que es infalible salir de ella, y cuán presto será esta partida, y qué poco tiempo te queda, y cómo todo lo de acá se ha de quedar acá, y qué tienes que llevar allá si ahora te llamara el Señor y te citara de remate para la partida. Pondera la aflicción que recibió este mayordomo cuando le dijo su Señor que ya había dado fin su mayordomía; y como dice san Juan Crisóstomo sobre este Evangelio, porque tenía mala cuenta, y temió con justa razón la que había de dar a su señor; así temen y tiemblan los cristianos en la muerte; mira pues ahora, que tienes tiempo, cómo te hallarás en la tuya, y pues ha de ser inexcusable, prevente desde luego para ella.

 

PUNTO II. Considera el trabajo que le vino a este mayordomo por verse infamado para con su señor, y pondera cuanto peor será ser infamado un hombre para con Dios; atiende a los enemigos que tienes, que son más que los átomos del sol, y nunca cesan de acusarte y procurar derribarte de su gracia; y ármate con vigilancia, oración, paciencia y penitencia para defenderte de ellos delante de Dios.

 

PUNTO III. Considera cómo este padre de familias no resolvió contra su mayordomo por las dilaciones que tuvo sin oírle primero. Llamole y preguntole; hízole los cargos y pidiole cuenta de su mayordomía; en que nos enseña Cristo a no condenar a nadie sin oírle. Saca de aquí no ser arrebatado en tus juicios ni condenar a los otros por lo que dicen de ellos sin oírlos; y pídele a Dios gracia para imitarle en sus acciones; y prudencia y discreción para portarte en las tuyas procediendo con maduro consejo y recta intención en todo cuanto hicieres.

 

PUNTO IV. Considera lo que dice san Lucas de este mayordomo, que hallándose alcanzado y сіtado de su señor, entró dentro de sí a pensar consigo lo que había de hacer en aquel aprieto, y cómo había de salir de él, y en esta meditación halló corte y remedio en su trabajo ¡Oh si tomases esta lección y entrases dentro de ti y meditases contigo, dando de mano a todos los negocios del siglo, lo que te conviene para tu salvación y para ganar el cielo y granjear la voluntad de Dios! deja el bullicio del mundo y retírate con tu Dios en lo secreto de ti mismo; clama a su Majestad y pídele luz para acertar en todo, y consejo para tus dudas, y resolución acertada en los negocios de tu salvación.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones